Photobucket y el server too busy quieren saboterarme. ¡¡¡Pero no podrán!!!
Vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones: Real Madrid
No puedo evitarlo. Ayer apareció Lesionecki, así que hoy es indispensable que aparezca aquí él, el más grande, Pedrag Spasic, al que muchos consideran el peor fichaje de la historia del Real Madrid (supongo que no se acuerdan de Claudemir Vitor). Nunca llegaron a jugar juntos, ni en el Madrid ni en ningún lado excepto en la selección yugoslava, pero en el imaginario madridista, Spasic y Prosinecki van de la mano como representación de todo lo que se hizo entre mal, muy mal y peor a principios de los 90.
El bueno de Pedrag había destacado en el mundial de Italia 1990 con su selección, y además los yugoslavos habían eliminado a España con un golazo de falta de Stojkovic. El Madrid, por entonces siempre atentos a fichar al futbolista de moda, decidieron que fichar a Stojkovic no tenía sentido y pagaron un dinerín por Spasic: 200 millones de pesetas de los de 1990.
Primero porque les hacía falta un central, y segundo porque Di Stéfano había quedado impresionado por su papel en el partido de octavos del mundial, en el que literalmente secó a Butragueño, y también aportó su granito de arena para convencer a Ramón Mendoza de su fichaje. Dice la leyenda que a Mendoza no le convencía porque era calvo y no aparentaba los 25 años que tenía, sino mucho más, pero Di Stefano era entonces una suerte de director deportivo de los merengues y, tras el tumultuoso despido de Toshack después de tres derrotas en once partidos de liga (de nada sirvió la espectacular campaña que había firmado el Madrid el año anterior) pasó a ser el entrenador hasta la llegada de Antic (la Saeta Rubia no solo no mejoró las cifras del galés, sino que las empeoró). Así que Don Ramón le hizo caso.
Spasic imitando el gesto que los aficionados del Madrid ponían al verle jugar
Todavía se recuerda la portada que Marca dedicó a Spasic. El agente Spasic, lo llamaba, mientras el propio jugador afirmaba rotundo aquello de “conmigo, si pasa la pelota, no pasa el jugador”. Miljan Miljanic, el mítico entrenador yugoslavo (el mismo que se apostó su licencia a que Prosinecki no llegaba a ser profesional, y que años antes había tenido el honor de ser el segundo entrenador del Madrid cesado antes que venciera su contrato), apostillaba que “el fichaje de Pedrag ha sido un gran acierto”.
Con los meses aquella se convirtió en motivo de mofa y befa. Porque Spasic, como todos bien sabemos, completó una temporada absolutamente lamentable, que culminó con un golazo de cabeza en un Madrid-Barça… solo que en la portería del pobre Pedro Jaro, su compañero de equipo. A mitad de temporada Radomir Antic sustituyó a la Saeta Rubia, y aunque el equipo mejoró y pudo terminar tercero en liga, el bueno de Radomiro ya había decidido prescindir de Spasic (cosa rara en él, siempre dispuesto a confiar en sus compatriotas y, generalmente, con excelente resultado, incluso en casos imposibles como el de Prosinecki, al que rehabilitó en el Oviedo).
Sorprendentemente, hubo quien quiso ficharlo, y en España: el Osasuna de Fermín Ezcurra, con un legendario buen ojo para los jugadores del este (pocos meses antes Jan Urban había metido tres goles en el Bernabeu en el humillante 0-4 que se llevaron los merengues). En Pamplona Spasic cumplió razonablemente bien, pero demostró su auténtico nivel: un central decente para un equipo modesto y sin aspiraciones.
Si pensábais que la elección de Spasic, probablemente el peor central que ha jugado jamás en el Real Madrid sin salir de su cantera (ese Fernando Sanz hijo de papá

), estáis equivocados. Y si miráis el resultado, comprenderéis por qué:
¡¡¡MACHADA EN EL BERNABEU!!!

El resultado ha sido incluso injusto, porque tendríamos que haber ganado más holgadamente.
La defensa no ha estado especialmente brillante, que digamos, pero Barazite ha estado INMENSO. Estamos en semifinales de la Champions (quién lo hubiera dicho :wacko: ) y nuestro rival será el Liverpool, actual campeón.