Jornada 25: Wigan Athletic
Desde que comenzó el AAR, hace ya casi un año (cómo pasa el tiempo), hemos hablado aquí de rivalidades amistosas, rivalidades serias, rivalidades locales, rivalidades violentas e incluso rivalidades en las que una de las partes apenas conoce a la otra (recordad al Hull y al Leeds). Pero el Wigan es mucho más original: como tiene alrededor demasiados clubes de fútbol con los que pelearse (la zona industrial del noroeste de Inglaterra es un hervidero de clubes profesionales) y es complicado tomar una decisión, sus aficionados la tienen tomada desde hace décadas con los Wigan Warriors, que son el club de rugby league local. Evidentemente, nunca jamás han jugado el uno contra el otro.
Todo viene de muy lejos. De principios del siglo XX, según los más viejos del lugar, es decir, de antes incluso de la fundación del actual Wigan Athletic. El club de fútbol actual no es sino la sexta o séptima reencarnación del Wigan, conocido en anteriores vidas por los apellidos de County, United, Town, Rovers y Borough, y alguno más que seguro que me dejo por el camino. El principal motivo de la prematura muerte de todos ellos fue el mismo: la fortaleza de los Warriors, uno de los mejores clubes de rugby league de Inglaterra (en la actualidad, el que más títulos de campeón acumula).
Wigan es una ciudad moderadamente grande (poco más de 80.000 habitantes), y eso no deja espacio para demasiados clubes de éxito dentro de sus límites. Y los futboleros, además, contaban con un inconveniente enorme: la ciudad forma parte de los límites del Greater Manchester. Es decir: a menos de media hora se encuentran los estadios del Manchester United y el Manchester City. Los latics lo tenían realmente complicado para atraer a público (de hecho, hoy en día siguen siendo uno de los clubes con menor afluencia de público a su estadio, incluso en porcentaje sobre el total del aforo disponible).
Otro problema más agravó la rivalidad. Y es que los aficionados de los Latics se concentran en los alrededores del antiguo Springfield Park, en el oeste de la ciudad y eminentemente anglicano y metodista. Los seguidores de los Warriors, en cambio, pertenecen mayoritariamente a los barrios del este de Wigan, con mayoría católica y una fuerte presencia de irlandeses y sus descendientes. Tradicionalmente, el Saint Patricks RL, de fuerte raigambre irlandesa como su nombre indica, ha sido el mejor vivero de jugadores para los Warriors durante décadas. De todos modos, esta confrontación religiosa no ha llegado a extremos agresivos como los del Rangers y el Celtic.
Uno de los peores capítulos de la rivalidad se vivió en 1985. El Wigan, que llevaba menos de 10 años en The Football League, tuvo la inmensa suerte de que le tocara el Liverpool (el gran Liverpool de entonces) en una eliminatoria de la Copa de la Liga. La situación económica del club era delicada y los ingresos por taquilla iban a ser una bendición. Pero su estadio, Springfield Park, se quedaba pequeño para el partido (apenas 10.500 espectadores por motivos de seguridad), y solicitó a los Warriors que le permitieran jugar el partido en Central Park, su estadio con más de 30.000 plazas. Los del rugby, viendo la oportunidad perfecta para fastidiarle la vida a su rival, se negaron. Y los Latics tuvieron que aceptar, inevitablemente, que la ida y la vuelta de la eliminatoria se disputaran en Anfield, quedándose con una parte de los ingresos.
En los últimos años se ha dado una oportunidad única para acabar con esta estúpida rivalidad, que ha restado apoyo a los dos clubes. Dave Whelan, el dueño del Wigan Athletic, fue a la vez el accionista mayoritario de los Warriors. Pero ni por esas. Cuando los Latics por fin lograron en 2005 el ascenso a la Premier League, y durante una entrevista televisiva en directo a Whelan, los aficionados que lo rodeaban se lanzaron a gritar cánticos contra los del rugby. Whelan se volvió contra ellos y les dijo que se dejaran de estupideces, que no era de recibo meterse con sus vecinos. Tampoco es que los aficionados de los Warriors ayudaran demasiado, claro, y no hay partido de casa que no esté trufado de insultos a los Latics, y eso que ahora comparten estadio.
Whelan, aunque por otros motivos, vendió hace dos meses el equipo de rugby y la rivalidad parece más fuerte que nunca.
El Wigan está en una crisis terrible que amenaza con provocarle el descenso. Y se ha notado. No es que mis delanteros hayan estado inspirados, precisamente, pero a los Latics ni se les ha visto en el partido.
Más que ganar el partido, parece que simplemente hemos resuelto un trámite, y eso se nota en las calificaciones:
Y ahora, como los ingleses son así y les molan estas rarezas, en las próximas dos jornadas me toca jugar los dos partidos ligueros contra el Tottenham, el primero fuera y el segundo en casa. Obviamente, habrá un solo capítulo.