4ª ronda de la FA Cup: Millwall
El Millwall nunca ha sido conocido por su cantera, pero siempre ha tenido buen olfato para encontrar perlas escondidas en los lugares más insospechados. Halló a Sheringham en un equipo juvenil londinense sin ninguna fama, y a Cascarino en el Gillingham cuando este se pudría en la Third Division. Fichó a Kasey Keller de un equipo de segunda fila de la liga universitaria estadounidense, y últimamente se ha especializado en el emergente fútbol australiano. Allí encontró a Lucas Neill, uno de los defensas más codiciados (y con razón) de la Premiership, y sobre todo a este de aquí abajo:
Ahí, tan jovencito como le véis, ese es Tim Cahill, el canguro preferido de Cata. Nacido en Sydney, tenía todos los números para haberse dedicado al rugby: australiano e hijo de samoana. Para fortuna del fútbol, su padre, inglés, prefirió que su niño se dedicara al fútbol, y ya desde bien jovencito dio muestras de que no se le iba a dar del todo mal.
Con 17 años ya era toda una leyenda del fútbol de categorías inferiores australiano y la perla más preciada del Sydney United, y entonces le pidió a su padre permiso para irse a jugar a Inglaterra, porque le parecía que allí tendría mejores oportunidades. Su padre no dudó demasiado, era lo que siempre había querido. Y el Millwall no desaprovechó la oportunidad: lo fichó gratis y el 22 de mayo de 1998, ya al final de su primera temporada en Inglaterra, debutó con el primer equipo. Le faltaban más de seis meses para cumplir los 19.
Después de eso, se convirtió en uno de los titulares indiscutibles y uno de los futbolistas preferidos de la afición. Demostró ser un centrocampista muy vertical y ofensivo, con una fuerza casi imparable en sus incorporaciones al área desde zonas más retrasadas, y en 217 partidos ligueros marcó nada menos que 52 goles. En la temporada 2003-2004, antes de cumplir los 25, fue uno de los hombres clave en la gran FA Cup que completó el Millwall: se plantó en la final (siendo un equipo de la Championship), aunque una vez en ella no pudo hacer nada contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo y Van Nistelrooy.
Después de ese año, y después de varios asaltos frustrados a la Premier, el Millwall ya no pudo retener a Cahill y cerró su traspaso al Crystal Palace. El presidente de este último, sin embargo, se negó a pagar la comisión habitual al agente del jugador, que consideró abusiva, y la operación se vino abajo. Esta vez fue el Everton el que no desaprovechó la oportunidad: puso millón y medio de libras encima de la mesa y se llevó a Goodison Park a la perla australiana de 23 años.
Cahill deslumbró desde el primer día: marcó 13 goles en 37 partidos en su primer año en Merseyside, y contribuyó a clasificar a los toffees para la Champions League por primera vez desde los felices años de Howard Kendall. Desde entonces hasta ahora, ya lo sabemos: se ha convertido junto con Arteta en el alma de un equipo algo irregular, pero siempre guerrero y rondando las posiciones europeas.
Y también se convirtió en su momento en uno de los jugadores más deseados por varias federaciones nacionales, que trataron por todos los medios de convencerle para jugar con ellos en las competiciones internacionales. La primera que lo consiguió fue, curiosamente, Samoa. Cahill, quizá ignorante de lo que estaba por venir, jugó varios partidos con la selección infantil del país oceánico (menores de 14 años), y eso le impidió debutar con ninguna otra selección absoluta hasta mucho más tarde, ya con los 23 cumplidos. La selección sub 21 inglesa también se interesó por él, y sobre todo la irlandesa. El padre de Cahill es inglés, pero sus abuelos son irlandeses (toma ya cadena migratoria), y ya se sabe que Eire siempre ha sido muy proclive a bucear en equipos modestos para encontrar a jugadores “irlandeses”
. Finalmente, en 2004 y justo al inicio de la fase de clasificación para el mundial de 2006, Cahill pudo debutar con la selección australiana, que se llevó el gato al agua. Tim, igual que en el Millwall y en el Everton, se convirtió rápidamente en el líder del equipo, que se clasificó para su primer mundial en más de 30 años.
Y un partido que se suponía que iba a ser sencillito, al final ha sido mucho más complicado de lo que preveía.
Un partido contra un equipo de la Championship es una ocasión perfecta para probar a algunos suplentes y darles oportunidades. Bojan la ha aprovechado, Crouch no tanto, pero bueno, está para lo que está.
El Millwall nunca ha sido conocido por su cantera, pero siempre ha tenido buen olfato para encontrar perlas escondidas en los lugares más insospechados. Halló a Sheringham en un equipo juvenil londinense sin ninguna fama, y a Cascarino en el Gillingham cuando este se pudría en la Third Division. Fichó a Kasey Keller de un equipo de segunda fila de la liga universitaria estadounidense, y últimamente se ha especializado en el emergente fútbol australiano. Allí encontró a Lucas Neill, uno de los defensas más codiciados (y con razón) de la Premiership, y sobre todo a este de aquí abajo:
Ahí, tan jovencito como le véis, ese es Tim Cahill, el canguro preferido de Cata. Nacido en Sydney, tenía todos los números para haberse dedicado al rugby: australiano e hijo de samoana. Para fortuna del fútbol, su padre, inglés, prefirió que su niño se dedicara al fútbol, y ya desde bien jovencito dio muestras de que no se le iba a dar del todo mal.
Con 17 años ya era toda una leyenda del fútbol de categorías inferiores australiano y la perla más preciada del Sydney United, y entonces le pidió a su padre permiso para irse a jugar a Inglaterra, porque le parecía que allí tendría mejores oportunidades. Su padre no dudó demasiado, era lo que siempre había querido. Y el Millwall no desaprovechó la oportunidad: lo fichó gratis y el 22 de mayo de 1998, ya al final de su primera temporada en Inglaterra, debutó con el primer equipo. Le faltaban más de seis meses para cumplir los 19.
Después de eso, se convirtió en uno de los titulares indiscutibles y uno de los futbolistas preferidos de la afición. Demostró ser un centrocampista muy vertical y ofensivo, con una fuerza casi imparable en sus incorporaciones al área desde zonas más retrasadas, y en 217 partidos ligueros marcó nada menos que 52 goles. En la temporada 2003-2004, antes de cumplir los 25, fue uno de los hombres clave en la gran FA Cup que completó el Millwall: se plantó en la final (siendo un equipo de la Championship), aunque una vez en ella no pudo hacer nada contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo y Van Nistelrooy.
Después de ese año, y después de varios asaltos frustrados a la Premier, el Millwall ya no pudo retener a Cahill y cerró su traspaso al Crystal Palace. El presidente de este último, sin embargo, se negó a pagar la comisión habitual al agente del jugador, que consideró abusiva, y la operación se vino abajo. Esta vez fue el Everton el que no desaprovechó la oportunidad: puso millón y medio de libras encima de la mesa y se llevó a Goodison Park a la perla australiana de 23 años.
Cahill deslumbró desde el primer día: marcó 13 goles en 37 partidos en su primer año en Merseyside, y contribuyó a clasificar a los toffees para la Champions League por primera vez desde los felices años de Howard Kendall. Desde entonces hasta ahora, ya lo sabemos: se ha convertido junto con Arteta en el alma de un equipo algo irregular, pero siempre guerrero y rondando las posiciones europeas.
Y también se convirtió en su momento en uno de los jugadores más deseados por varias federaciones nacionales, que trataron por todos los medios de convencerle para jugar con ellos en las competiciones internacionales. La primera que lo consiguió fue, curiosamente, Samoa. Cahill, quizá ignorante de lo que estaba por venir, jugó varios partidos con la selección infantil del país oceánico (menores de 14 años), y eso le impidió debutar con ninguna otra selección absoluta hasta mucho más tarde, ya con los 23 cumplidos. La selección sub 21 inglesa también se interesó por él, y sobre todo la irlandesa. El padre de Cahill es inglés, pero sus abuelos son irlandeses (toma ya cadena migratoria), y ya se sabe que Eire siempre ha sido muy proclive a bucear en equipos modestos para encontrar a jugadores “irlandeses”
Y un partido que se suponía que iba a ser sencillito, al final ha sido mucho más complicado de lo que preveía.
Un partido contra un equipo de la Championship es una ocasión perfecta para probar a algunos suplentes y darles oportunidades. Bojan la ha aprovechado, Crouch no tanto, pero bueno, está para lo que está.