Jornada 20: West Ham United
El primer tercio de la historia del West Ham, ya bajo su nombre actual, está unido irremediablemente al nombre de Syd King. King llegó al Thames Ironworks en 1899, convertido en uno de los defensas más prestigiosos de la Southern League. Y su influencia en el equipo se dejó notar casi desde el primer instante: ya en 1900, cuando el club cambió de nombre, fue nombrado “secretario” del club. En realidad, era ya el hombre fuerte y el que decidía las alineaciones, formando tándem com Charly Painter, su inseparable compañero durante las tres décadas siguientes.
King siguió jugando hasta 1903, y tras su retirada fue nombrado definitivamente “first team manager”. Que no es exactamente lo que se entiende ahora por un entrenador, pero sí que decidía los fichajes y las alineaciones. Los entrenamientos, en su mayor parte, eran cosa de Painter.
Bajo la tutela de Syd, los Hammers fueron asentándose como uno de los mejores clubes profesionales de Londres, se asentó en la Southern League y, al mismo tiempo, se convirtió en uno de los pesos pesados de la Western League (un buen puñado de clubes jugaban ambas competiciones, y el West Ham la ganó en 1908, aunque oficialmente con un equipo de reservas.
Las buenas actuaciones del West Ham captaron la atención de The Football League y, aunque la Primera Guerra Mundial cortó la progresión del club, en 1919, la primera temporada después del conflicto, los Irons fueron uno de los clubes seleccionados para unirse a la Second Division, aprovechando la expansión de la liga y la ampliación del número de equipos participantes.
Desde su primera temporada en la Second, los chicos de King se codearon entre los mejores de la división, siempre cerca del ascenso, que llegó solo cuatro años más tarde, en 1923. Los Hammers terminaron la temporada segundos, por detrás del Notts County, y superando al Leicester solo por la diferencia de goles. La extraordinaria temporada del West Ham se completó con la final de la FA Cup, la primera que se disputó en Wembley, y que ya ha aparecido en el AAR: la famosa final del caballo blanco que en realidad era gris

.
Syd King, todo un personaje
Para entonces, Syd King era un héroe, pero al mismo tiempo un personaje muy polémico. Tras la elección para entrar en TFL, la directiva del West Ham, que en realidad no hacía más que cumplir sus órdenes, le pagó un bonus de 1.500 libras (un pastón en la época) y le subió el sueldo a 10 libras semanales. King, que de joven había sido obrero metalúrgico antes que futbolista, era un hombre rico… y con un gusto pasmoso por el dinero. En 1922 vendió a Syd Puddefoot, ya por entonces una leyenda entre los aficionados, al Bolton Wanderers (que luego le vencerían en la final de la FA Cup). Nadie entendió muy bien el motivo… hasta que se supo que de las 5.000 libras del traspaso, el mayor pagado nunca hasta entonces, 300 fueron directamente al bolsillo de Syd. Y no es que le hiciera falta: además de las 10 libras semanales (más de 500 al año, en total), se sumaba un bonus de otras 100 libras anuales por buen rendimiento.
En cualquier caso, nadie encendió la luz de alarma. El club siguió creciento y en 1926, en buena medida gracias a los acertados fichajes de King, consiguió un sexto puesto en liga, el mejor de su historia. En esa plantilla jugaban Jimmy Ruffell, Ted Hufton y Vic Watson, los tres primeros internacionales ingleses del West Ham. Ese sexto puesto, sin embargo, no fue el inicio de tiempos mejores, sino el techo del club bajo el mandato de Syd.
En los años siguientes el club perdió algo de fuelle, y King fue perdiendo algo de prestigio. Eso no evitó que en 1931 la juta directiva, todavía confiada plenamente en la capacidad de King, lo convirtiera en accionista. Todo un honor (y un buen pellizco económico) para un entrenador, y muy poco habitual entonces (y ahora) en el fútbol. Fue el canto del cisne. En la temporada siguiente el West Ham descendió y, de vuelta en la Second Division, empezó la temporada con nueve derrotas consecutivas.
Los hechos se precipitaron: la directiva se reunió el 5 de noviembre y anunció la destitución fulminante de Syd King. Y además de la peor de las formas posibles. Utilizaron el alcoholismo de King, un secreto a voces ya hacía años en Upton Park, para justificar la decisión. Según las actas de la reunión, King acudió a ella totalmente borracho e insultó a varios directivos… algo que es más que probable que fuera cierto, de todos modos. Ted Fenton, jugador por entonces y años más tarde entrenador del West Ham, contó en su libro de memorias que cada vez que pasaba por delante del despacho de Syd King, este le enviaba al pub de la esquina a por dos botellas de Bass (cerveza, para los inexpertos

). La directiva le dio el control del primer equipo a Painter, y de paso hizo correr otro rumor, este sin confirmar: que King había estado desviando fondos (hacia sus bolsillos, claro).
Nunca se llegó a confirmar el desfalco, y más bien parece un intento de la directiva de frenar la reacción de los aficionados, que adoraban a King. De hecho, y a pesar de que ya no tenía ninguna función en el club, ni siquiera se atrevieron a despedirle. Se le suspendió de empleo en sueldo durante tres meses e, incluso en enero de 1933, cuando había de tomarse la decisión definitiva, se confirmó el cese pero no se le despidió: siguió cobrando tres libras a la semana. En cualquier caso, aquella compensación no duró demasiado: King cayó en una profunda depresión y en febrero se quitó la vida con una mezcla de alcohol y un líquido corrosivo.
Y no terminamos de salir de la mala racha:
Atento Alek, que hay una novedad interesante en la alineación

:
La lesión de Eagle es un putadón, porque estaba siendo uno de los mejores del equipo. Pero al menos nos dará la oportunidad de probar al escocés Marc Guild, que viene pegando fuerte desde el Reservas.