Jornada 18: Newcastle United
Si hay un nombre al que esté ligado la historia reciente del Newcastle United, ese es sin duda el de Alan Shearer, el mejor goleador inglés de los últimos 15 años (y no se admiten debates, ni Owen, ni Rooney, ni Cole, ni Sheringham, ni ná de ná

).
Shearer nació en 1970 en Gosforth, apenas unas millas al noroeste de Newcastle (hoy ya ha sido absorbido por la ciudad), y ya desde bien joven empezó a destacar dándole patadas a la pelotita. Siendo un chavalín de apenas 13 años, se convirtió en una de las leyendas del Wallsend Boys Club, un equipo infantil del que han salido, entre muchos otros, Michael Carric y Peter Beardsley.
A los 15 ocurrió lo que tenía que ocurrir: el Newcastle lo llamó para unas pruebas tras las cuales, sin duda, se incorporaría a las categorías inferiores de los Magpies. Pero el desastre que era por entonces la gestión del club (recordad: vendió a Beardsley, Gascoigne y Waddle, entre otros) también había contagiado a la hasta entonces prolífica cantera. A Shearer le probaron de portero y decidieron que no daba la talla.
Shearer no desesperó y pocas semanas después ya había firmado por el Southampton, con bastante mejor ojo que las urracas. Solo tres años más tarde, a punto de cumplir los 18 recién cumplidos, Alan debutó con los Saints el 26 de marzo de 1988 en la segunda parte de un partido contra el Chelsea. Unas semanas más tarde, el 9 de abril, y en su primer partido como titular, Shearer endosó un hat-trick al Arsenal y saltó a los titulares de toda la prensa inglesa. Con 17 años y 240 días, se convirtió en el jugador más joven en marcar tres goles en un mismo partido de la máxima categoría.
Sorprendentemente, Shearer no se convirtió en un titular fijo inmediatamente. E incluso cuando jugó de titular, no volvió a demostrar su capacidad goleadora. Bueno, en realidad no fue tan sorprendente. Aquel Southampton jugaba por y para Le Tissier (solo dos años mayor que Shearer, en realidad, pero ya establecido como titular indiscutible), y la fortaleza física de Shearer, además de su capacidad para bajar los balones colgados al área, le convirtieron en uno de los principales asistentes de Le God.
Solo en su última temporada en The Dell, la 1991-1992, Shearer empezó a dar verdaderas muestras de su instinto, y marcó 13 goles en 41 partidos de liga, y un total de 21 en 60 partidos en todas las competiciones. Y entonces se cruzó en su vida Jack Walker, el multimillonario presidente del Blackburn Rovers dispuesto a llevarlos hasta la cima. Walker pagó 3,3 millones de libras, se adelantó al Manchester United de Alex Ferguson y se llevó a la estrella emergente (por entonces tenía 22 añitos) a Ewood Park.
Su primera temporada en Blackburn fue espectacular y, al mismo tiempo, frustrante. Se pasó medio año lesionado y solo jugó 21 partidos. Eso sí: en esos 21 partidos marcó 16 goles. El año siguiente, con los Rovers a un paso del Manchester United en liga, anotó 31 goles en 40 partidos. Y en la 1994-1995, ya con Sutton de compañero, formó la delantera más letal de la liga y le dio el título a su equipo. Marcó 34 goles en 42 partidos. La siguiente temporada fue decepcionante para el Blackburn, pero Shearer no aflojó el ritmo: 31 goles en 35 partidos. Y en la Eurocopa de Inglaterra (de infausto recuerdo para España… como siempre

), sumó cinco goles, lo que le convirtió en el máximo goleador del torneo. A pesar de eso, los Pross no llegaron a la final.
Para entonces ya estaba claro que el Blackburn no podía retener a semejante crack, que con 26 años estaba a punto además de entrar en lo mejor de su carrera. Ferguson volvió al ataque e intentó ficharlo para su Manchester United. Era la pieza que faltaba. Pero Jack Walker se negó en redondo: odiaba a los Red Devils con toda su alma. Walker, en cambio, alcanzó un acuerdo con el Newcastle… de Kenny Dalglish, el mismo que le había fichado para los Rovers. Shearer, claro, encantado: volvía al club de sus amores y por la puerta grande. Las urracas pagaron 15 millones de libras, un record en su momento, y solucionaron así el monumental error de una década antes.
El Newcastle había luchado contra el Manchester United por la liga en los años anteriores con Keegan al mano, y parecía que Shearer les ayudaría a dar el salto definitivo. Shearer respondió a las expectativas, y en su primer año marcó 25 goles en 31 partidos. El Newcastle volvió a quedar segundo, esta vez a ocho puntos del Manchester United. El problema llegó el año siguiente: una lesión en el tobillo en la pretemporada, que además curó mal, le impidió jugar un buen puñado de partidos, y le mermó el rendimiento en el resto. El resultado: dos goles en 17 partidos de liga, siete en 23 partidos totales, y el Newcastle 13º en liga. El equipo se clasificó para Europa gracias a la FA Cup, que perdieron ante el Arsenal, también campeón de liga.
Tras esa temporada, Shearer volvió a su forma habitual. En la 1998-1999 marcó 21 goles en 40 partidos y en la siguiente, 30 goles en 50 partidos. El Newcastle no volvió a luchar por nada interesante en liga, sin embargo. Y en la 2000-2001 Shearer volvió a tener serios problemas físicos, que le limitaron a 23 partidos y siete goles.
Después, por fin, el Newcastle volvió a la parte alta de la tabla. Quedó cuarto en la 2001-2002, lo que le dio plaza para la Champions, gracias en buena medida a los 23 goles en 37 partidos de liga (sumó otros cuatro en nueve partidos coperos). Volvió a entrar en Champions el año siguiente, esta vez siendo tercero en la Premier, con 17 goles de Alan en liga. Y un año después, fue quinto, suficiente para entrar en UEFA, con 22 goles de Shearer en 37 partidos. Las competiciones europeas fueron la espina clavada del goleador: nunca terminó de rendir a tope y, en la 2003-2004, un penalti fallado contra el Partizan de Belgrado en la tanda posterior a la prórroga costó a las urracas su eliminación.
La temporada 2004-2005 Shearer volvió a sufrir diferentes lesiones, lo que no le impidió anotar 19 goles en 42 partidos de todas las competiciones, pero su cuerpo parecía decirle basta. Con 35 años a final de temporada, el bueno de Alan decidió que ya había tenido suficiente… o quizá no. Souness, entrenador del Newcastle, sus compañeros y sobre todo la afición, insistieron hasta que Shearer prometió jugar al menos una temporada más, la 2005-2006. Shearer ya no era el titular habitual, y las urracas ficharon a Owen como recambio. Pero saliendo del banquillo, aún se las apañó para sumar 14 goles en 41 partidos.
Eso sí: el 17 de abril volvieron a aparecer las lesiones. Esta vez una seria, una rotura de ligamentos en la rodilla izquierda en un derby contra el Sunderland (que el Newcastle ganó 4-1 y en el que Shearer, como no, mojó). El partido de máxima rivalidad acabó siendo el último oficial de la carrera de Shearer, que había marcado un total de 206 goles en 10 temporadas en el Newcastle.
El cartel con el que el Newcastle anunció el partido de homenaje a Shearer
El club, consciente de que se marchaba una leyenda, no tardó ni un mes en organizar un partido de homenaje: fue el 11 de mayo, en Saint James’s Park, contra el Celtic. Shearer, todavía lesionado, no jugó… pero si marcó: un penalti que le dejaron tirar y que sirvió para poner el 3-2 en el marcador. Poco después fichó por la BBC como comentarista del Mundial, y ahí sigue.
Y tercera derrota consecutiva. Entre el golpe moral de lo de Liverpool y las lesiones, me están jodiendo. Y encima Emam, uno de los baluartes del equipo, hoy va y hace aguas.
Y Neal Eardley que se rompe. Con este chico no es cuestión de preparación, Cruji, es sencillamente que es así de frágil, el pobre. Lleva media temporada lesionado, y eso que cuando juega lo hace bien.
No me preguntéis cómo se mete uno un gol en propia puerta y aun así saca un ocho. Yo tampoco lo entiendo.