Jornada 31: Liverpool
Si hay un día que ha marcado la historia del Liverpool y, al mismo tiempo, del fútbol inglés, ese ha sido sin duda el 29 de mayo de 1985. El día en el que el Liverpool, vigente campeón de Europa, se enfrentaba en Heysel a la Juventus de Platini para intentar renovar su título e igualar al Real Madrid y sus seis Copas de Europa. No lo consiguió… pero fue lo de menos. De hecho, el partido ni siquiera debió jugarse.
Los antecedentes no invitaban a ser optimistas. En la final de 1984, en la que los Reds se llevaron el título en los penaltis frente a la Roma y en casa de la Roma (en el Olímpico de la capital italiana), muchos aficionados de los giallorossi persiguieron tras el partido a los seguidores ingleses hasta sus hoteles, en muchas ocasiones agrediéndoles. Hasta el punto de que más de un centenar de ellos tuvo que acudir a refugiarse a la Embajada Británica. Ni las autoridades italianas ni la UEFA quisieron indagar aquello, y los hooligans ingleses, que necesitaban pocas excusas para liarla, se conjuraron ya desde entonces para tomarse la justicia por su mano a las primeras de cambio.
Y esa ocasión llegó con la siguiente final de la Copa de Europa. La falta de previsión fue atroz, y la UEFA cometió una serie de errores fatales que terminaron facilitando la tragedia. Para empezar, la propia elección del estado: Heysel. Sí, Bruselas es una ciudad muy bien comunicada, y los eventos que se organizaban allí generalmente acababan siendo un éxito. Pero Heysel, ya entonces, literalmente se caía a trozos. Las instalaciones (y por tanto las medidas de seguridad) estaban más que obsoltas y las gradas estaban casi en ruinas.
Además, la UEFA decidió que las aficiones de cada equipo estarían cada una en un fondo, que a su vez se dividiría en tres secciones. Hasta aquí todo bien. Pero como se esperaban más aficionados de la Juve que del Liverpool, se concedieron las tres zonas de uno de los fondos a la Juve, y dos de las zonas del otro fondo al Liverpool. La tercera se reservaría a aficionados belgas, y por tanto las entradas podrían comprarse en taquilla sin pasar por los respectivos clubes.
Los dos clubes se opusieron frontalmente a ello. La Juve, porque conocía perfectamente que en Bruselas vive una importante comunidad italiana, con un buen número de seguidores de los bianconeri entre ellos, que probablemente comprarían su entrada para aquellas zonas. De ser así, solo una valla bastante antigua y poco firme los separaría de los hooligans ingleses. Y el Liverpool, porque sabía que los touroperadores británicos comprarían esas entradas y las ofrecerían en packs junto con vuelos y hoteles a los aficionados Reds. En definitiva: porque los dos clubes sabían que en aquella zona supuestamente neutral se encontrarían mezclados aficionados de los dos equipos. Y los del Liverpool eran temibles… pero los de la Juve no le andaban a la zaga.
La UEFA y los organizadores de la final no les hicieron demasiado caso. Debieron pensar que exageraban. Pero el día de la final, tres horas antes del partido, se encontraron con que la situación contra las que le habían alertado, efectivamente se estaba dando. Y tuvieron que recurrir a una solución de emergencia, que tuvo poco de solución: separaron a los aficionados del Liverpool (una minoría) de los de la Juve con un alambre de espino y pusieron a una pequeña dotación de policía para vigilar a miles de aficionados.
Y para terminar, las obsoletas instalaciones de Heysel impidieron que los controles de seguridad fueran efectivos. Eso resultó en que las dos secciones de la grada destinadas al Liverpool (a la Juve se le concedieron tres, lo que ayudó a cabrear aún más a los hooligans de los Reds) acogieron a muchos más aficionados de los que debían, porque muchos de ellos se colaron sin entradas… y borrachos como cubas, claro.
La unión de todos estos factores encaminaba a un único desenlace, que además se precipitó rápido. Una hora antes del partido, con las dos aficiones ya caldeando el ambiente en las gradas, comenzaron a volar proyectiles de un lado a otro del sector neutral de la grada. Los proyectiles, por supuesto, no eran sino cascotes que los aficionados desprendían sin mayor problema de las propias gradas, en un estado lamentable.
No se sabe quién empezó, si el sector juventino, o el inglés. Pero sí se sabe quién se quedó antes sin paciencia. De hecho, es que no la tenían: llevaban semanas pensando en vengarse de lo del año anterior. En pocos minutos, los hooligans ingleses habían saltado la frágil barrera policial y perseguían a los aficionados del club italiano. Y los italianos, sin otra perspectiva más que la huida, corrieron hacia el lado contrario hasta encontrarse con una verja metálica que los separaba de la sección central de la grada. Unos cuantos se dispusieron a escalarla para escapar de los golpes.
Pero una vez más, el lamentable estado de Heysel jugó en su contra: la verja se vino abajo y aplastó a cuantos se hallaban cerca. Ese fue el motivo directo de la mayoría de las muertes que se produjeron ese día: 39. Y dejó además 600 heridos. En medio de la catástrofe, las asistencias retiraban los cuerpos fallecidos en trozos de la propia verja, cubiertos con las banderas que portaban los aficionados. En cuanto aparecieron los helicópteros en el campo, el viento de sus rotores levantó un buen número de ellas y dejó los cadáveres a la vista. La situación se tornó todavía más dantesca.
Y como ya hemos dicho que los aficionados de la Juve tampoco eran unos santos por entonces, era de esperar que reaccionarían ante los hechos. Y lo hicieron: saltaron desde sus secciones de las gradas, en el otro fondo del campo, llegaron a la pista de atletismo que rodeaba el campo y comenzaron a avanzar hacia los aficionados del Liverpool, con intenciones más que obvias. Afortunadamente, la policía aquí ya sí que intervino con fuerza. Y aunque tuvo que pelear duro (un aficionado italiano llegó a disparar una pistola durante los altercados) consiguió repeler la embestida. Si no llegan a hacerlo, es probable que la cifra de muertos se hubiera multiplicado.
En esta situación, era de esperar que el partido se suspendiera… pero no. Todo siguió adelante, en una atmósfera irrespirable y con una fortísima presencia policial a diez metros del mismo césped. La Juve ganó el partido con un penalti que transformó Platini. Para completar el cúmulo de despropósitos, el penalti fue una falta claramente cometida fuera del área. Bueno, en realidad aún faltaba un despropósito mayor: los jugadores de la Juve celebraron el título en el centro del campo como si no hubiera pasado nada. Muchos de ellos reconocieron después que nadie les había informado de que 32 de sus aficionados habían muerto en las gradas.
Todo aquello pedía a gritos una investigación seria que depurara responsabilidades. No se hizo. La UEFA y los organizadores belgas culparon unánimemente a los seguidores ingleses y eludieron cualquier tipo de responsabilidad que les pudiera salpicar. Dos días después, Margaret Thatcher exigió a la FA que retirara a todos los clubes ingleses de las competiciones europeas, como ejercicio de responsabilidad, y el 6 de junio la UEFA los expulsó indefinidamente de todas sus competiciones. Finalmente fueron cinco años, seis para el Liverpool (que inicialmente debería haber pasado ocho años excluido).
El Liverpool cargó con toda la responsabilidad, oficialmente, y varios aficionados fueron sentenciados a penas de cárcel en Bélgica por homicidio involuntario. Pero la Juve tampoco Salió de rositas. Muchos de sus aficionados se quejaron amargamente de que su equipo jugara el partido en primer lugar, celebrara la victoria en segundo, y que colocara el trofeo en su museo al día siguiente. Además, acusaron al club de desentenderse de las víctimas, cosa que sigue haciendo: no hay nada en el club (ni en su museo, ni en el estadio, ni en sus instalaciones) que recuerde a las víctimas. Heysel no volvió a acoger un partido de fútbol hasta 1995, después de que fuera reconstruido de arriba abajo: el viejo Heysel se tiró y se construyó sobre sus ruinas.
El estadio Rey Balduino, construido sobre las ruinas de Heysel, al que se le cambió hasta el nombre
No he puesto fotos, a pesar del tocho, porque no son para estómagos débiles. El que quiera verlo en vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=BIW9mWAQTtQ&mode=related&search= . Hay docenas de vídeos en Youtube. Algunos incluso en casi 20 partes. Las imágenes son estremecedoras.
Y sobre el partido... pues aquí nos han pasado por encima con todas las de la ley, y encima tiene que venir un ex a clavar el último clavito del ataud.

Ingrato, ya no recuerda quién le subió a la cima.