Todo lo contrario: un análisis de forma es la consecuencia lógica de emplear un criterio funcionalista. Dado que aquí no debatimos la certeza o falsedad de una creencia, lo que debatimos son sus orígenes, desarrollo y consecuencias. Preciamente por un análisis de éste tipo encontramos que tan importante como la creencia misma son los efectos indentitarios y comunitarios que se operan a través de ritos. El hacer ésto o lo otro marca al individuo como parte de una colectividad y por ende, da sentido a su vida social. La religión es justamente uno de esos aspectos.
No niego la importancia de las formas en ningún aspecto de la vida. Pero si pretendes analizar una religión tienes que basarte ante todo en sus fundamentos teológicos, que son los que dan sentido a la misma. Los aspectos formales pueden variar sin alterarla y muchas veces no son más que reflejos de costumbres culturales que, aunque como todo elemento de una cultura están relacionados con sus elementos religiosos, son independientes de la misma.
En lo referente a la demonización de otras religiones es un fenómeno exclusivo del judaismo y religiones derivadas. Si observas la religión tradicional romana, lo que demoniza son ritos específicos (los sacrificios del Tofet de los púnicos, por ejemplo), pero no conceptos religiosos ni deidades completas (a Melkart se le identifica rápidamente con Júpiter al igual que a Tanit, con Venus). Lo mismo podemos decir de las asiáticas, que en muchos casos comparten principios filosóficos y se consideran aspectos rituales distintos para entender la misma realidad (como es el caso del dharma).
Bueno, lo que dices es cierto sobre todo en el sentido de que la religión romana era más un modelo de ética y comportamiento cívico que una verdadera religión.
Aunque desde luego también es cierto que son los sistemas teológicos monoteístas los que van a negar y demonizar (precisamente por su monoteísmo) otras creencias religiosas.