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Feniel

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EUROPA DESPUES DE AMIENS Y DE LUNÉVILLE


En marzo de 1802 se firmó un tratado formal de paz en Amiens, en el norte de Francia. Inglaterra había logrado importantes éxitos en el Báltico y Egipto; pero los triunfos de Bonaparte resultaban más impresionantes todavía. Napoleón y su ministro de asuntos exteriores, Talleyrand, jugaron sus cartas con gran habilidad. El resultado fue un tratado cuyas condiciones llenaron de disgusto a la mayoría de los súbditos británicos, por muy fervientemente que acogiesen a la paz como tal. Egipto, aunque perdido para los franceses, fue devuelto a Turquía. Malta fue prometida una vez más a los Caballeros de San Juan. Todas las conquistas de Gran Bretaña en el Mediterráneo, e incluso Ciudad de El Cabo en África, tuvieron que ser devueltas a sus antiguos propietarios, quedando solo Trinidad y Ceilán como adquisiciones perdurables. Francia, por otro lado, se limitó a evacuar los Estados Pontificios y el reino de Nápoles, reconoce al mismo tiempo la nueva república de las islas Jónicas bajo protección conjunta ruso-turca. Por lo demás, no se rindió ni una sola conquista de la República o del Consulado. Visto desde París, el tratado expresaba la plena aceptación de la primacía francesa en el Continente por la potencia que durante tanto tiempo y tan obstinadamente la había rechazado. Visto desde Londres, el acuerdo no ofrecía otra cosa sino un respiro para la recuperación económica y quizá diplomática. Parece que hubo en Inglaterra poca confianza de que la paz durase, pero sí un gran deseo de sacarle el mayor partido posible mientras tanto.

0522MC17.gif

Expansión de Francia Revolucionaria.
Todas las conquistas fueron confirmadas en la paz general de 1802.


Gran Bretaña se esforzaba por poner su casa en orden y prepararse para un nuevo enfrentamiento. William Pitt es destituido y se nombra primer ministro a su amigo Henry Addington. Se realizan diversas reformas internas debido a los gigantescos problemas económicos: grave escasez de alimentos, una deuda nacional elevada a 500 millones de libras y un presupuesto anual que se había triplicado en ocho años. Aparte el primer ministro adoptó otras medidas que mostraban cuán fuertemente el ejemplo de la Francia revolucionario-consular empezaba a influir en sus más irreconciliables enemigos. Dejando a un lado principios políticos, ya fuesen igualitarios o dictatoriales, estaba claro que la terrible República había desarrollado mecanismos administrativos para acumular una energía nacional que ningún rival podía permitirse el lujo de ignorar

Las repúblicas satélites de Francia, así como los no menos subordinados reinos italianos, descubrieron rápidamente que el tratado de Lunéville estaba convirtiéndose cada vez más en una cínica fachada del control directo francés. Entre los otros estados continentales, el más dócil aliado de Francia era el reino de España (victorioso sobre Portugal en 1801), el cual estaba exhausto por los seis años de guerra contra Gran Bretaña que concluyó en Amiens. Prusia, pese a su mal encubierto deseo de apropiarse Hannover (dominio germano bajo gobierno británico) se unió a la mayoria de los demás estados después de Lunéville y Amiens en una vigilancia sin compromiso.

La potencia del Continente que sufrió un cambio político más importante durante la era del consulado de Bonaparte fue Rusia. El zar Pablo I había pasado de unos sentimientos violentamente antifranceses en 1799 a un entusiasmo literalmente frenético por Bonaparte, además de un furioso resentimiento contra sus aliados austriaco y británico en la Segunda Coalición. Pero el asesinato del zar en el palacio Mijailovski de San Petersburgo en aquella noche de marzo de 1801 evitó a los británicos la amenaza de una liga marítima en el Báltico dirigida contra ellos. Fue una conjura de poderosos personajes, el conde Panin, el general Bennigsen, el conde Pahlen (comandante militar de la capital) y otras figuras influyentes. Estrangularon a su soberano impulsados por la desesperación a que los llevaron sus caprichosos cambios de política y su atroz conducta con respecto a sus subordinados, incluyendo al héroe militar Suvorov. Todos los hombres acabaron temiendo por su propio futuro. Así que habiendo matado al padre, instalaron en el trono como zar Alejandro I a su momentáneamente desconcertado hijo.

zaresrusia.JPG

Zar Pablo I (1754-1801)
Asesinato del zar en sus aposentos el 23 de marzo, oficialmente "apoplejia".
Zar Alejandro I (1777-1825)


Con esta única excepción rusa, las potencias permanecieron esencialmente estáticas. No ocurrió así con los miembros más pequeños del Sacro Imperio Romano. El tratado de Lunéville había estipulado que los príncipes germanos privados de territorios en la orilla izquierda del Rin mediante cesión a Francia serían compensados en la orilla derecha, primordialmente a través de la secularización de las tierras eclesiásticas. Teóricamente, habría de ser la propia Dieta del Imperio en Ratisbona la que fijaría tales indemnizaciones. En la práctica aquella corporación quedó dividida sin esperanza, oponiéndose violentamente las delegaciones eclesiásticas y las de la mayoría de las ciudades libres a todo juego de manos con las fronteras. Fue el propio Napoleón quien virtualmente dictó el arreglo final.

La política del primer cónsul para Alemania encerraba varios propósitos diferentes. Deseaba aislar a la Austria de los Habsburgos, mantener a Prusia en actitud amistosa (sin permitirle convertirse en una potencia gigantesca), y reducir el número de estados germanos en el Sur y el Oeste, aumentando su tamaño lo suficiente para que la alianza con ellos fuese más significativa, aunque manteniendo esta zona tapón de principados claramente dependiente de Francia. El 5 de febrero de 1803, la comisión imperial para ajustes territoriales presentó a la Dieta una amplia resolución endosada por Napoleón y el zar Alejandro, encantado este con su papel de mediador. Dicho documento era el Reichsdeputatíonshauptschluss (Edicto definitivo de la delegación imperial), cuyo mismo título ha dejado heladas a generaciones de estudiosos de la Historia. Impuesto en la Dieta por los príncipes seculares, satisfizo las exigencias del dictador francés. También destruyo la sustancia que hubiera podido retener durante el siglo XVIII el Sacro Imperio Romano.

Los que perdieron dentro de Alemania fueron los prelados y las ciudades libres imperiales. De estas últimas, 42, de un total de 48, fueron abolidas (absorbidas por estados territoriales), quedando solamente los tres antiguos puertos hanseáticos de Bremen, Hamburgo y Lübeck, además de Francfort del Main, Nuremberg y Augsburgo. Dos de los tres arzobispados electorales, Trier y Colonia, desaparecieron simplemente, aunque el arzobispo de Maguncia, pese a haber perdido su ciudad episcopal, sobrevivió como soberano territorial en virtud de un traslado a tierras de la orilla derecha del Rin. La mayoría de los otros microcosmos eclesiásticos fueron engullidos por principados seculares vecinos, Baviera y los nuevos electorados de Württemberg, Baden y Hesse Cassel fueron los más pródigamente recompensados. Prusia ya había recibido cierto número de obispados y abadías bajo un tratado especial con Francia en 1802, pero Bonaparte seguía negándole la presa más codiciada, Hannover, con la excusa de encontrarse en paz con el rey de Inglaterra. Pero no importaba: el primer cónsul tenía poco que temer del resentimiento en Alemania cuyos príncipes no austriacos eran ahora sus marionetas. Dueño ya, de un modo u otro, de Francia, Bélgica, Holanda, Alemanía al oeste del Rin, Suiza y gran parte de Italia, así como patrono de España. Según le comentó a un asombrado diplomático podía «trazar de nuevo el mapa del Sacro Imperio Romano y enviarlo a Ratisbona para que se, le pusiera el sello de "oficial"».

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Alemania 1802 / Alemania 1804


SE REANUDA LA GUERRA: 1803


Mientras Bonaparte proseguía así su reorganización de Alemania, el breve intervalo de paz general estaba ya tocando a su fin. Del mismo modo que Inglaterra había sido la última potencia en ponerse de acuerdo con Francia, en la primavera de 1802, también fue la primera en reanudar las hostilidades en la primavera de 1803. Napoleón había demostrado, casi desde el día mismo en que se firmó el tratado de Amiens, que no pensaba dejar que las condiciones del mismo fuesen un obstáculo para él. Seguía considerando a Gran Bretaña, en el mejor de los casos, como un adversario temporalmente no beligerante. Sus actos en el Sacro Imperio Romano, su anexión del Piamonte y su resuelto fortalecimiento de las medidas de control en los estados tributarios holandeses, suizos e italianos, hicieron ver a Londres que no se había logrado en el Continente un equilibrio o estabilidad perdurable. Aún más: rechazando el consejo de algunos de sus consejeros, que deseaban el reavivamiento del comercio anglo-francés, Napoleón excluyó primeramente las exportaciones británicas con destino a la República, y en diciembre de 1802 extendió la prohibición a Holanda e Italia. Al mismo tiempo hizo saber que la marina de guerra francesa sería incrementada en más de un 50 por 100, hasta alcanzar una fuerza de 66 navíos de línea.

Enfrentado con una serie de amenazas en el Mediterráneo el gobierno de Addington pospuso la evacuación de Malta. Napoleón aprovechó esta demora en el cumplimiento de aquella cláusula del acuerdo de Amiens para presentarla como prueba evidente de la mala fe de Londres en todos los aspectos. El embajador inglés fue objeto durante el invierno de 1802-1803 de un trato tan vejatorio como para sugerir que existía de nuevo un virtual estado de guerra. No puede haber duda alguna respecto a que la negativa británica a devolver Malta a sus Caballeros constituía una violación de una de las cláusulas de un tratado; pero era una violación que había que juzgar a la luz del desprecio del primer cónsul con respecto a otras incontables promesas hechas y esperanzas alimentadas en Amiens o Lunéville. En aquella ocasión, Napoleón habló como si la minúscula isla de Malta fuese «el gozne de Europa», mientras se desentendía de las quejas con la siguiente observación de: «El Piamonte, Suiza y Holanda son bagatelas.»

Nunca ha estado claro si Napoleón esperaba sinceramente o no permanecer en paz con Gran Bretaña. Lo que parece claro es que su política no intentaba relajar la tensión, incluso hizo volver al estado de hostilidades formales al cauteloso y flexible Addington. El 17 de mayo de 1803, resuelta a movilizar sus propios recursos antes que Francia lograse ventajas prohibitivas, Inglaterra declaró bruscamente la guerra. Dos meses antes, en una recepción en las Tullerías, Napoleón le había dicho agriamente a lord Whitworth: «Ustedes serán los primeros en sacar la espada; yo seré el último en envainarla.» La mitad de su profecía se había cumplido ahora.

uk.JPG

Escudo de armas y bandera del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.


La guerra no se extendió en seguida al Continente, salvo por la rápida ocupación francesa de Hannover. La Royal Navy reanudó sus operaciones en el mar, mientras Bonaparte empezaba a reunir una inmensa fuerza de invasión en el canal de la Mancha, en torno a Boulogne. Durante dos años enteros las otras potencias se mantuvieron al margen, reacias a comprometerse en una nueva alianza contra el formidable poderío de Francia. En el curso de este intervalo, Gran Bretaña volvió de nuevo sus ojos a Pitt en demanda de caudillaje. El dominio personal de Addington sobre los Comunes nunca fue muy seguro, y como ministro de la guerra carecía por completo de chispa inspiradora. Tras meses de vacilación (durante los cuales el rey Jorge III complicó más las cosas al sufrir otro de sus intermitentes accesos de locura) Pitt aceptó finalmente, en mayo de 1804, formar un nuevo gobierno. Fue un gabinete de defensa nacional, en el que Pitt habría incluido hasta a su antiguo adversario, Charles James Fox, si el rey no se hubiera opuesto violentamente. El "ejército de Inglaterra" francés estuvo formándose durante todo aquel año. A comienzos de 1805 España declaró la guerra a Gran Bretaña, lo que supuso más navíos de guerra a la creciente fuerza naval de Bonaparte. Visto desde Londres, el cielo se cubría de negros nubarrones.

pitt2.jpg

William Pitt, el Joven (1759-1806).
Primer Ministro británico 1784-1801 y 1803-1806.


NACE LA TERCERA COALICIÓN


En 1804, enterado de una nueva conspiración interior contra su persona en el mes de febrero, ejecutó a varios sospechosos altamente situados. El general Moreau, el héroe de Hohenlinden, estuvo a punto de no poder huir a América. Hasta aquí, desde luego, solo estaban en juego los asuntos internos franceses. El 14 marzo, sin embargo, Bonaparte ordenó la detención del joven duque de Enghien, Luis Antonio Enrique, un príncipe emigrado del linaje de los Borbón-Condé. Vivía tranquilamente en la ciudad alemana de Ettenheim en la neutral Baden, al otro lado del Rin. El arresto se efectuó enviando una unidad de dragones francesa al mando del general de brigada Michel Ordener al territorio del Sacro Imperio Romano, arrogante afrenta infligida a Viena. Y, lo que aún fue más grave, el día 21 Enghien fue sumariamente ejecutado por traición en Vincennes, después que un consejo de guerra le condenara, sin pruebas convincentes, como agente inglés.

Enghien.JPG

Fusilamiento del duque de Enghien
Luis Antonio Enrique de Borbón-Condé (1772-1804)


Un estremecimiento de estupor y de horror sacudió a todas las cortes principescas de Europa. «Fue más que un crimen; fue un error», opinó el ministro de Policía Joseph Fouché. Esta ejecución no provocó una inmediata declaración de guerra pero hizo que los gobernantes europeos fueran verdaderamente conscientes del fracaso de la Paz de Lunéville. Indiferente al impacto producido por el asunto Enghien, el primer cónsul se hizo proclamar en mayo Napoleón I, emperador de los franceses, por el Senado y el Tribunado. Un plebiscito nacional aprobó este acto por el notable margen de 3.572.329 votos contra 2.569; y el 2 de diciembre tuvo lugar en Notre Dame de París la coronación, con asistencia del Papa Pío VII, aunque este escasamente oficiase. Como diría más tarde el conde Nicolás Mollien:«de alguna forma nunca supo cuando debía abandonar».
600.coronation_napoleon.jpg

Coronación de Napoleón y Josefina. 2 Diciembre de 1804.
A todos les preocupaba ya donde se detendría Napoleón


Tras el incidente de Enghien, que le costo a Bonaparte la admiración del zar Alejandro I, en Rusia comenzaron los preparativos para un posible enfrentamiento con Francia; se iniciaron contactos con Viena. El emperador Habsburgo, Francisco II, no quería implicarse en otra coalición debido a las derrotas anteriores, las grandes perdidas de territorios y prestigio, y al lamentable estado interno del país. Así pues solo se firmo un vago acuerdo el 4 de noviembre de 1804. A continuación los diplomáticos del zar entablaron negociaciones con Gran Bretaña. Las últimas vacilaciones de Austria y Rusia empezaron a desvanecerse en marzo de 1805, al anunciar Napoleón que la República Italiana sería en adelante el reino de Italia y que él mismo aceptaría la corona, como efectivamente hizo en Milán en el mes de mayo. Al mes siguiente, la República de Liguria fue formalmente incorporada al Imperio francés.

rusia.JPG

Bandera del Imperio Ruso
Nuevos escudos de armas de Alejandro I: tradicional y "afrancesado"

Así pues tanto, el 11 de abril Rusia e Inglaterra habían firmado el tratado de San Petersburgo, comprometiéndose a un esfuerzo conjunto para restablecer el equilibrio europeo. El 9 de agosto Austria se incorporó a esta Tercera Coalición, prometiendo, aunque de manera nada realista, un total de 315.000 soldados. Aunque Suecia también se adhirió, Prusia se mantuvo al Margen, con la esperanza de que los franceses le entregarían Hannover como recompensa por la neutralidad de Berlín. Al llegar el otoño, sin embargo, las líneas estaban establecidas para la lucha de los «años medios» de Napoleón en el poder. La primera beneficiaria del ampliamente extendido conflicto fue Inglaterra, había pasado de estar aislada a forjar una coalición con un ejército, al menos sobre el papel, de casi un millón de hombres.
 
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Feniel said:
Dios mio, que tocho me ha quedado. :eek:

En fin intentare hacer mas amenos los siguientes capitulos sobre la guerra de 1805.

¡No! ¡Qué va...! :eek:

Está muy bien redactado, es ameno no obstante su extensión, y aporta datos esenciales para comprender mejor el contexto y los precedentes del conflicto. :cool:

Si echas un vistazo por los foros, verás que en el hispano no nos acojonamos ante los "tochos"... más se diría que disfrutamos con ellos. ;)
 
Jan 22, 2003
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Muy bien redactado y muy interesante la disertacion sobre la situacion internacional de la epoca napoleonica, momento historico, en el que al menos yo , solemos centrarnos en batallas o campañas concretas y olvidarnos de el marco mas general.
 

henryV

Captain
Apr 24, 2003
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Jolín, esto si que es una entrada estelar. Muy interesante.

¿Alguien podría poner mapas de antes, durante y después? Es que no sé el tamaño de Hannover ni sus salidas al mar...
 

Feniel

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Espero que aclare un poco las cosas.

De todas formas es imposible contemplar todos los cambios en un solo mapa. Muchos estados alemanes pueden aparecer como estados diferentes aunque gobernados por la misma persona, otros eran apenas una ciudad y sus alrededores, sin embargo tenían mayor importancia y tradición que estados mucho mayores.
 
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Feniel

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PLANES Y PREPARATIVOS DE LA TERCERA COALICIÓN

Cuando la maquinaria diplomática británica paró a la Tercera Coalición pertenecían Rusia, Gran Bretaña, Austria, Suecia, el Nápoles borbón y un buen número de estados alemanes y bálticos. Por su parte a Francia estaba prácticamente aislada, solo contaba Bavaria y Wüttemberg, y con sus estados satélites como Holanda, Suiza y los estados del norte de Italia.

Las grandes potencias coaligadas comenzaron a preparar su grandioso proyecto, el esquema sería similar al de las anteriores coaliciones: se abrirían cuatro frentes principales, los cuales continuación se describirán de norte a sur.

Desembarcarían 15.000 británicos en Cuxhaven para liberación de Hannover y la restauración de su elector Jorge III de Gran Bretaña. En Estralsund se le unirían 12.000 suecos y 20.000 rusos. Posteriormente se les podían unir los 50.000 rusos del general Bennigsen que partiría desde el Vistula y otras fuerzas secundarias que se formarían en Riga al mando de los generales Buxhöwden y Michelson (este ejercito secundario tuvo un papel muy importante tal y como se desarrollaron los acontecimientos). Además con estos ejercitos se pretendia presionar al vacilante rey prusianoel cual se estaba limitando a reunir su ejercito y ofrecerse gustosamente como mediador internacional.

El siguiente frente geográficamente sería Bavaria, en el Danubio oeste. Este país, que se había beneficiado del reordenamiento de los estados alemanes, era un firme aliado de Francia. Por esto se insistió en que recibiera una lección y así dar ejemplo a otros, demostrando además que la potencia hegemónica en el Sacro Imperio seguía siendo Austria. El Quartermaster-General (Jefe del Estado Mayor, en términos austriacos) Mack y el Archiduque Fernando con 85.000 se encargarían de la ocupación de Baviera, posteriormente se les unirá Kutusov con 85.000 rusos. Juntos avanzarán hacia el Rin desde Ulm. Una reserva estratégica, al mando de del archiduque John con 25.000 hombres, ocuparía los pasos del Tirol, su misión seria estar preparado para avanzar tanto hacia el norte, sobre Ulm, como hacia el sur, sobre el norte de Italia, dependiendo como se desarrollase los acontecimientos.

Todos daban por seguro que el norte de Italia sería el frente donde caería el mayor peso francés, teniendo en cuenta que era donde se habían decidido la suerte de las anteriores coaliciones en las campañas de 1796-1797 y 1800; además de la reciente coronación de Bonaparte como rey de Italia. Aquí Austria deseaba recuperar sus antiguas posesiones y cubrirse de gloria. Para ello proyectaron reunir un ejército de 100.000 hombres con lo más selecto del ejército imperial. Al mando se encontraba el archiduque Carlos, posiblemente al más capacitado general la casa Habsburgo, con órdenes de expulsas al virrey de Italia (Eugenio Beauharnais, hijastro de Napoleón), volver a tomar Lombardía y posteriormente invadir el sur de Francia. Se le unirá una fuerza británica que se estaba reuniendo en Malta, de un número sin aclarar, junto a 17.000 rusos, 36.000 hombres de los Borbones de Sicilia, que en caso de ser necesario serían reforzados con tropas del zar que se reunían en Odesa. Este ejército híbrido deberá reconquistar el sur de Italia y recuperar Nápoles antes de avanzar en cooperación con el archiduque Carlos.

Gran Bretaña, a regañadientes, acepta mandar una fuerza anfibia para provocar inestabilidad en Francia y Holanda, logrando quizás una nueva revuelta en Bretaña y La Vendée, zonas que todavía seguían siendo fuertemente monárquicas. Lógicamente la actitud de los ingleses molestaba enormemente a sus aliados que les veían rápidamente apoderarse de las colonias francesas de ultramar y encontrar siempre excusas para posponer este desembarco.

En conjunto, todo llevaba a un plan escalonado de operaciones sobre toda Europa. Sobre el papel, el proyecto estaba detalladamente planteado, quizás en exceso, pero no fueron concientes de los inmensos problemas de coordinación que se podrían provocar. Un ejemplo pintoresco del caos organizativo es que no se les especificó a los rusos que el calendario que seguirían sus operaciones (existe una diferencia de unos 12 días entre el calendario juliano y el gregoriano). Tampoco se tuvo durante las negociaciones una visión objetiva de la fuerza real de cada uno de los coaligados. El ejército austriaco estaba en un estado calamitoso, de los 350.000 que tenían nominalmente la mitad habían sido licenciados debido a la situación de bancarrota en la que vivía su Estado. Los ingleses habían sufrído, en 1804, una tremenda derrota en la India que desestabilizó la zona y supusiso un duro golpe a la moral de su, ya de por si, mediocre ejercito. Para compensar las deficiencias de sus aliados, los rusos tuvieron que aportar un mayor número de tropas y en general todas las movilizaciones fueron lentas. No es de extrañar que apareciesen demoras incluso en las primeras fases de las operaciones.

Solo en el frente del Danubio se consiguió cumplir algunos objetivos. El 10 de septiembre, el general Mack invadió Bavaria. El ejército bávaro, de 25.000 hombres, dirigido por los generales Wrede y Deroi se retira con éxito al norte hacia el río Main, guardando en Wurzburg y Bamberg la llegada del I cuerpo francés bajo el mando de Bernadotte. Los austriacos no prestaron atención a la retirada bávara y continuaron su marcha al oeste hacia su destino... hacia Ulm.
 
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PLANES Y PREPARATIVOS DE NAPOLEÓN

Aun cuando los planes de los coaligados se mantuvieron en secreto, era inevitable que el servicio de inteligencia francés se percatara de lo que estaba ocurriendo, y a Napoleón no le pillo completamente desprevenido.Durante el consulado había dicho una vez «entre viejas monarquías y una joven Republica siempre tiene que existir un cierto espíritu hostil». En la situación presente, cada tratado de paz no significa más que un breve armisticio: creo que mi destino es pelear casi continuamente». De hecho durante la breve paz en el continente, había estado reorganizando las leyes y la economía francesa; forjando además el arma necesaria para destruir cualquier nueva coalición hostil; la que posteriormente sería llamada «la Grande Armée».

Este ejército podía llegar a reunir a unos 250.000 hombres entrenados y, en caso de necesidad, unos 150.000 nuevos reclutas movilizados, esto dejaba a Francia en una luchando contra casi el doble de fuerzas enemigas. A mediados de Agosto de 1805, cuando estaban claras las intenciones de la Coalición, parte de las fuerzas francesas estaban diseminadas. Bernadotte con el I Cuerpo de Ejercito (CE) de 17.000 hombres estaba ocupando Hannover, Marmont estaba en Holanda con el II CE de 15.000 franceses y 5.000 holandeses, Gouvion Cyr en Nápoles con 15.000 y Jourdan en Piamonte bajo las ordenes de Eugenio con 35.000 hombres. El resto del ejército se encontraba en Molin-Hubert cerca de Boulogne, Etaples, Ambleteuse, St. Omer y Brujas, todos ellos campamentos costeros del canal, preparados para la invasión de la «Pérfida Albión».

Aparte de la fuerza meramente militar consiguió presionar diplomáticamente a Turquía para desviar la atención rusa hacia algunos conflictos en la frontera. Esta fue otra de las razones que provocó el retraso de la salida de los ejércitos rusos.

Napoleón supo que tendría que mantener la iniciativa que compensar la diferencia en hombres. En un primer momento no se decido por ningún frente, simplemente preparó a sus hombres y envió a experto Massena al norte de Italia para ponerse al frente del ejército de Eugenio y lo reforzó con 15.000 hombres. Para cuando las tropas ya estaban listas, la elección del un objetivo principal ya estaba decidido. El ejército de Mack y Fernando avanzaban hacia Bavaria, esto proporcionaba un «casus belli» y además, conforme se fueron desarrollando los acontecimientos en los otros frentes, permitía centrar toda su fuerza.

El plan era lanzar una poderosa ofensiva estratégica en dos fases. La primera una marcha hacia el Rin donde se reuniría el ejercito. La segunda un avance con 7 CE, un total de 200.000 hombres, por el flanco en forma de rueda concéntrica de norte a sur convergiendo sobre el Danubio; entre Münster, Dönauwörth e Ingölstadt, cercando al ejercito austriaco. Solo dejaba atrás al mariscal Brune con 30.000 hombres en las inmediaciones del canal, para contrarrestar cualquier operación anfibia inglesa, y a Augereau con el recientemente formado VII CE en Brest con 14.000 hombres, para proteger las líneas de comunicaciones.

El trabajo de los estados mayores fue frenético, se repartieron las órdenes para la primera fase de la ofensiva, con normas muy rigurosas para mantener en secreto el despliegue y con una planificación a seguir muy estricta. La clave era sorprender a Mack antes de que pudiera retirarse. El día 25 de Agosto comenzaban a partir las primeras unidades francesas de los campamentos del Canal. Había comenzado una de las mayores epopeyas de la historia militar.
 
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bolondro2

Odio a la etica Disney
Jan 19, 2003
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Ah, la campaña de 1805!!!. ¡Que recuerdos para un jugador de Empires in Arms!. ¡¡Esos choques de trenes entre napo y carlitos, con las gorras de oso chocando contra las mitras rusas!!¡¡Ese mirar de reojo a Prusia, a ver si se esta quieta y no empreña!!

Sigue y no te cortes si quedan largos, que no es lomismo largo que pesado
 

Feniel

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UN PEQUEÑO INTERLUDIO. EL MAR.

Durante los año 1803-1804 se estuvo preparando una flota para llevar a cabo la invasión de Inglaterra. El único almirante francés de prestigio era Latouche-Tréville, quien había declarado que "si dominamos los estrechos durante seis horas, dominaremos el mundo". Pero Latouche-Tréville murió cuando se realizaban estos preparativos y el proyecto tuvo que retrasarse. El Ministro de Marina Denis Decres nombra en agosto de 1804 al vicealmirante Villeneuve como almirante Jefe de la Flota Francesa del Mediterráneo, posiblemente era el que tenía menos meritos y no era el mejor valorado para este puesto, su mayor logro había sido huir con cuatro naves de la batalla de Aboukir. Sin embargo, no era un mal marino pero sí carecía del temple necesario para ser comandante de una flota.

Antes de que la revolución francesa comenzara, Francia había tenido una marina de la que ella podía estar con razón orgullosa. Barcos excelentes tripulados por equipos bien entrenados la hicieron ser una fuerza para ser tenida en cuenta, podía incluso plantear un reto a la Marina Real de Inglaterra. Con la Revolución todo eso desapareció. El mantenimiento de la flota se descuidó; y el cuerpo de oficiales, mayoritariamente proveniente familias aristocráticas, fue duramente purgado. Una de las primeras tareas que Napoleón emprendió cuando él subió al poder era reconstruir la marina e intentar hacerla una fuerza que podría contar para decidir en los asuntos de Francia.

En el 18 de agosto de 1796 España firmó con Francia el acuerdo de San Ildefonso declarando la Guerra a Inglaterra. Fue un verdadero suicidio diplomático, teóricamente era "un pacto de mutua defensa" frente Gran Bretaña, pero esta claro que era Francia quien iba a exigir el cumplimiento a su favor. Aunque el tratado solo era vigente durante la guerra de la Segunda Coalición, que acabó con la paz de Amiens, Napoleón argumento de la paz había sido un simple alto el fuego. Finalmente se modifica las obligaciones impuestas a España esta entregara a Francia 6.000.000 mensuales pero podrá permanecer neutral. Pero Inglaterra no reconoce dicha neutralidad, sin declaración previa de guerra, apresa cuatro fragatas al mando de Bustamante, procedentes de Lima y Buenos Aires con cuatro millones de pesos a bordo, frente al cabo de Santa María el 5 de agosto de 1804. Esto lleva a España a declarar la guerra al gobierno británico el 12 de enero de 1805.

El 4 de enero de 1805 se firma el convenio entre Gravina y Decrés, se compromete a armar inmediatamente ocho navíos y cuatro fragatas en el Ferrol; doce navíos en Cádiz y seis navíos en Cartagena. Con esto Napoleón disponía de treinta navíos más a su disposición y la total subordinación española.

Se idea un plan para invadir Inglaterra. Mandar una escuadra Franco-Española a las Indias Occidentales, y atraer una flota inglesa allí. La escuadra debe volver inmediatamente para unirse con los barcos del Ferrol, y posteriormente levantar los bloqueos de Rochefort y Brest. Entonces se dirigirá hacia el Canal de la Mancha, donde junto a una flota holandesa, reunida en el río Texel, controlará el desembarco en la bahía de Pegwel en Kent.

El día 30 de marzo Villeneuve sale de Tolón con una escuadra compuesta por once navíos, seis fragatas y dos bergantines. El día 9 de abril por la mañana fondea en Cádiz y, al ocaso, parte la flota con una fragata y seis navíos españoles.
Entre el 14 y el 16 de mayo la escuadra combinada llega a la Martinica, permaneciendo fondeados hasta el 28, en que se efectúa el ataque y toma del islote del Diamante. El 4 de junio fondearon nuevos navíos franceses, que habían burlado el bloqueo de Rochefor, con lo que la escuadra franco-española quedó compuesta por veinte navíos, siete fragatas y dos bergantines. El 8 por la mañana unos prisioneros ingleses informan de la llegada de Nelson a las Antillas. Entonces se produjo un cambio radical en las operaciones, Villeneuve se dirigió al Ferrol para evitar un posible encuentro con la escuadra de Nelson, con lo que no se efectuó el ataque que pensaban llevar a cabo contra las posesiones enemigas de las Antillas.

LA BATALLA DE FINISTERRE

Cerca del cabo de Finisterre, el día 22 de julio con niebla espesa y casi sin viento, el almirante Don Federico Gravina, con siete navíos de línea españoles que formaban la vanguardia de la flota, divisó una fuerza británica, quince navíos de línea y cuatro fragatas. Pero la espesa niebla impidió la correcta identificación de las flotas y cada bando sobreestimó al otro. El vicealmirante Robert Calder, comandante de la escuadra inglesa, ordena formar en línea; igualmente hizo Villeneuve. La falta de viento provocó que todas las maniobras fueran muy lentas, finalmente las dos flotas estaban casi en paralelo, pero todavía aproximadamente a unas siete millas. Al llegar la tarde se ordena a la escuadra inglesa atacar.

El grueso de las fuerzas británicas contacta con la vanguardia de la flota franco-española a las 17:15. Se estable un duro combate en el que los seis barcos aguantaron una línea de quince navíos, soportando estoicamente un daño excesivo. De los catorce barcos franceses sólo tres hicieron una verdadera tentativa de entrar en la lucha. El comandante en jefe, por supuesto, no estuvo en ningún momento en situación de peligro.

En condiciones normales el humo producido por cientos de cañones generaba una nube intensa de humo, dando una visibilidad de un par de cientos de yardas a lo más. Sin embargo, con la niebla solo se podían hacer conjeturas de los movimientos, a pesar de los destellos brillantes de sus cañones. El caos fue pronto general y a veces causaba que varios barcos atacaran a un opositor solo.

Al caer la noche, debido a la opacidad de la niebla, Calder decidió abandonar la acción poniendo rumbo sudoeste. El vicealmirante sería luego juzgado por un tribunal militar y censurado por no continuar el combate en días posteriores. Solo tres navíos británicos sufrieron daños relevantes; y sólo 39 hombres murieron y otros 159 fueron heridos en el combate.

La flota combinada tuvo más perdidas, con dos barcos españoles en manos británicas, aunque eran dos viejos navíos sin ningún valor. Otros cinco navíos (incluida una fragata) fueron dañados quedando fuera de servicio, en algunos casos durante varios meses. La Flota Franco-española perdió a 149 hombres muertos y 327 heridos, haciendo un total de 476 bajas, de los cuales 337 correspondían a los españoles. A esto hay que añadir 1,200 hombres que fueron hechos prisioneros.

La actuación de los marinos españoles fue impecable, de hecho mucho tiempo después cuando Napoleón se enteró de los hechos (poseía unos sólidos conocimientos marineros en contra de lo que se cree) afirmó «Ese Gravina condenado es todo un genio en batalla...si Villeneuve tuviera esas cualidades... ¿Cómo tiene el valor para quejarse de los españoles? ¡Ellos han luchado como leones!»
 
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Feniel

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ATARDECER EN CADIZ

El 2 de agosto la escuadra francoespañola arrumbo a Vigo y Ferrol, donde se excluyeron por sus malas condiciones tres navíos pero se refuerza con los 10 que allí estaban esperando. También se recibe la noticia de la pronta llegada del contralmirante francés Lallemand al puerto de Vigo con cinco navíos.

Villeneuve estaba muy tenso por el encuentro con los británicos en Finisterre y no quiere permanecer más tiempo en puerto. Decide salir el 13 de agosto sin esperar a unirse con la escuadra de Lallemand. Piensa que este se dirigirá a Brest y que allí se reunirán, lo que desconoce es que Napoleón por aquel entonces había desechado por el momento su plan de invasión a Inglaterra y deseaba enviar la flota a la India.

Unos días después de partir, recibe información contradictoria sobre la presencia inglesa en el Canal pero es suficiente para hacer cambiar de parecer a Villeneuve, y pone rumbo hacia Cádiz, llegando el día 20.

Napoleón monta en cólera al enterarse de la llegada desautoriza a Cádiz. El día 12 de septiembre manda a Villeneuve que se dirija a Cartagena, en busca de refuerzos, y de allí que parta a Nápoles. Su misión allí sería entorpecer cualquier tentativa de los británicos de invadir Malta. Pero los ingleses ya estaban bloqueando la salida de Cádiz y el 28 de septiembre se une a la fuerza de bloqueo Horatio Nelson, que coge el mando de Cuthbert Collingwood.

El 8 de octubre se celebra un consejo a bordo del Bucentaure, buque insignia de la flota. Villeneuve pretende que la escuadra salga de Cádiz, pero el almirante español Gravina le argumenta que es mejor permanecer en puerto, forzando así a los ingleses a mantener el bloqueo durante el invierno. Además esa flota era irremplazable para Francia, sin embargo Inglaterra podía permitirse el lujo de perder algunos navíos. Se acuerda finalmente permanecer en Cádiz hasta que las fuerzas inglesas disminuyan.

Villeneuve recibe una carta del ministro francés Decrés informándole que se tiene que presentar en París y dejar su cargo a Rosilly que se encamina hacia Cádiz para relevarle. Esto hunde al vicealmirante en una profunda depresión.

El 17 de octubre se recibe información poco concluyente: cuatro buques británicos salían al mediterráneo desde Gibraltar escoltando un convoy, y que otros dos buques se hallaban en Gibraltar sometidos a reparaciones. Se desconoce que barcos son y si formaban parte del bloqueo.

Pero Villeneuve ve un debilitamiento de la escuadra inglesa y una forma de congraciarse de nuevo con el emperador. Decide que su flota es ampliamente superior y que forzará el bloqueo. Pero se equivoca su escuadra está compuesta por 33 navíos mientras que los ingleses tienen 27.

A las 7 de la mañana del 19 de octubre de 1805, la flota franco-española sale del puerto, sin poder completar la salida hasta la llegada del atardecer.

Durante todo el día la iglesia del Carmen estuvo abarrotada, tal la cantidad de gente que acude a rezar, que se forman tandas para entrar. En Cádiz se presiente la catástrofe.
 
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unmerged(29112)

Corporal
May 13, 2004
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¡Guau! Qué bueno, Feniel. Yo conocía vagamente a Napo y las distintas campañas, y es una alegría que lo hagas tan asequible e incluso ameno (no como esos tochos de historia del año catapum). Muy bien. Sigue así.
¡Me encanta Napo! (Esto no quiere decir que sea el mejor estratega de todos los tiempos, ni mucho menos) :rofl: