Dios es justo y Guillem I El Justo de Aragón es su profeta.

Había heredado de su padre, Berenguer Ramón I de Aragón, la recién usurpada corona. Reinaba alegremente sobre los ducados de Barcelona, Mallorca, Valencia y sobre los condados de Zaragoza y Albarración. Alto Aragón (me repatea, ya lo he renombrado como Jaca

) seguía en manos del destronado Ramiro II, y Calatayud es la sede del ducado de Toledo, adscrito a la corona castellana.
En esto que el sultán de Mauritania, que está fuerrrrrrrrrrrrte, me declara la guerra por Valencia. Voy jodido, jodido. Es 1109 y no han aparecido las órdenes guerreras. Y si hubieran aparecido, como si te operas: no tengo la piedad suficiente. Ni siquiera convoco a mi ejército: sería desperdiciarlo. Lo fío todo a poder reunir piedad suficiente para el momento en el que aparezcan los templarios o los hospitalarios. Que aparecen en 1110, cuando ya pierdo la guerra por un 70%... pero no puedo hacer nada porque tal cual aparecen, sin ni siquiera quitar la pausa al juego, han sido contratados por el siciliano, que quiere recuperar Nápoles.
Así que, básicamente, estoy muerto... ¡¡¡o no!!! Tres días después mi santa madre, Ainés de Aquitania, tiene a bien morir. Sus dos hermanos y sus dos hermanas ya habían muerto antes, todos por culpa de terribles accidentes domésticos como caídas sobre cuchillos jamoneros, trágicos percances en sus clases de natación, terribles asaltos de osos armados con lanzas durante partidas de caza o inoportunos resbalones en las escaleras justo junto a una ventana. Mala suerte la de esa familia, chico...
Y eso significa que... ¡de repente tengo 5.500 soldados aquitanos de los que tirar! Grandioso. Eso, los 3.000 que tengo en tierras aragonesas y dos cuerpos de mercenarios. En total, unos 11.500 soldados. No es que tengan demasiado futuro frente a los dos stacks de 8.000 soldados cada uno que tiene el mauritano por mis tierras, pero bueno. Al menos me dará tiempo a distraerlos un rato hasta que el siciliano, que ya está casi terminando, suelte a los templarios y pueda pillarlos para terminar de romper ortos morunos.
Así que reuno mis tropas en Agen (lejos del moro, que no sienta tentaciones de fundirme antes de tiempo), las llevo hasta Barcelona, ahí las reúno con mis mercenarios, y tiro hacia Castellón, para al menos chinchar un poco. En Castellón se entabla una tremenda batalla que iba a decidir mi suerte: con un 82% en contra a estas alturas, si me funden llegan al 100% y me imponen sus condiciones. Perderé todo el ducado de Valencia justo cuando iba a empezar a sacarle jugo.
La batalla empieza mal, porque me canean incluso con mi superioridad numérica, pero en cuanto entran en juego las columnas centrales de los ejércitos... ¡¡¡¡¡capturo al sultán!!!!!
100% de victoria para mí, fuerzo una paz en la que me pagan unas 600 monedazas y la pena es que no me da tiempo a cobrar rescate, porque el tipo palma en la cárcel pocos días después.

Esto es lo que se llama salvarse por la campana.
Por cierto, que Guillem I El Justo, a sus 30 años, es una mala bestia de cuidado y tiene ya cuatro hijos barones. 19,11,14,5,17. La pena es que ha atinado mal: le ha salido un hijo con el rasgo "genio" (+2 a todas las stats)... y es Aurembaix, la única hija.

Tentado estoy de imponer la sucesión cognática absoluta.
