
Huginn ok Muninn
fljúga hverjan dag
Jörmungrund yfir;
óumk ek of Hugin,
at hann aftr né komi-t,
þó sjámk meir of Munin.[1]
Con paso lento el conde Björn subía las desgastadas escaleras talladas en la piedra siglos atrás por esclavos sin nombre. En el cielo el sol brillaba tímidamente en aquella mañanda de finales de 1067 mientras el conde se dirigía al lugar más importante de todos sus dominios: la cima del Pico del Cuervo. Allí, aparte de las infatigables cabras que lucía el conde en su escudo nobiliario, solamente había unos moradores: los cuervos. Desde tiempos que se perdían en la era de las leyendas incontables generaciones de cuervos habían tomado la cima del monte como su hogar.
Esto resultaba harto extraño, pues los cuervos no suelen anidar tan cerca del mar. Durante siglos la explicación dada fue que el Pico del Cuervo era un lugar lleno de magia y por eso los cuervos, favoritos de Odín, nunca lo abandonaban. Se decía que los cuervos de este lugar eran muy astutos, especialmente en el arte del pequeño hurto, ya que eran descendientes directos de Huginn y Muninn, los míticos cuervos de Odín.
Huginn (pensamiento) y Muninn (memoria) eran enviados al alba a recoger información alrededor del mundo y regresaban por la tarde. Se posaban en los hombros del dios Odín y susurraban a sus oídos todas las noticias.
El conde Björn opinaba que esa superstición pagana debía ser eliminada y había dado órdenes al respecto para que se castigase con veinte azotes a quien la repitiera. Sin embargo, no pensaba desaprovechar la utilidad que sus paganos antecesores habían dado a los cuervos como mensajeros. Amaestrados durante siglos para esta labor, los cuervos habían demostrado ser unos mensajeros más rápidos y fiables que cualquier jinete. Siendo tan importantes para la comunicación del condado, no era de extrañar que el puesto de “maestre”, o cuidador y entrenador de las aves, fuera de los más respetados y ambicionados por los lugareños.
En aquellos momentos el conde se dirigía a ver al viejo maestre Rickersson, pues un cuervo había llegado desde las tierras de su aliado en el sur: Sigvard el conde de Kalmar Län. Mientras intentaba no pisar los excrementos de los pájaros el conde sonreía al pensar en su viejo aliado. Durante los dos últimos años los cuervos procedentes del sur habían sido los únicos que habían traído buenas noticias, los demás vinieron cargados con nuevas tan negras como su plumaje.
Así, a los pocos meses de acceder al poder, Björn recibió una oferta de alianza del conde de Kalmar Län que aceptó inmediatamente. Ambos condados se encontraban en la esfera de poder del rey de Suecia y apoyándose mutuamente podrían tener alguna esperanza de conservar su preciada independencia.
Otro pequeño condado independiente del rey de Suecia se alió con el conde Björn
Era intención del joven Björn afianzar su posición con una nueva alianza, esta vez con su vecino del norte el condado de Medelpad. Así, cuando miembros de su corte le presentaron un viejo documento según el cual durante un tiempo pasado la familia av Hälsingland había gobernado ambos condados no quiso saber nada del asunto, alegó que le parecían pruebas vagas y confusas, y que un dirigente cristiano y piadoso como él jamás reclamaría las tierras de un igual basándose en algo así. Creía el joven conde que esta muestra de buena voluntad sería suficiente para firmar una alianza, pero se encontró con la sorpresa de que su vecino del norte, el conde Kolbjörn, declinaba amable y cortésmente, ya que pensaba que Hälsingland no era un aliado que contara con un número de espadas y lanzas suficientes como para garantizarle dormir más tranquilo.
Más sangrante si cabe había sido la negativa del magistrado de la República de Jämtland, que no quiso aceptar una alianza con el conde pese a haber sido atacado previamente por los salvajes seguidores del dios ahorcado, quienes saquearon sus tierras y diezmaron su población para practicar sacrificios rituales a su oscura deidad.
El piadoso conde no quería obtener nuevas tierras con métodos deshonrosos. Sus intentos de buscar aliados en el norte fueron infructuosos
A partir de mediados del año 1067 los cuervos volaron escasamente y cuando lo hacían solamente traían noticias sobre la guerra civil de Suecia. En abril de ese año Erik, duque de Upplandia se reveló contra el rey y dirigió al país hacia una sangrienta confrontación que fue pródiga a la hora de segar vidas. La quema de aldeas y el saqueo de las tierras del enemigo se convirtieron en una costumbre, mientras que los dos grandes ejércitos de cada bando esperaban el momento oportuno para atacar al rival. La sangre campesina regaba los bosques suecos y las aldeas en llamas iluminaban las noches, llenado el aire con el olor del odio y la venganza.
La guerra civil sueca y su causante
Así pues Björn, tras preguntar al maestre por la salud de sus tres hijos, desenrolló rápidamente el mensaje y lo leyó con presteza. Mas su contenido, tras los protocolarios saludos y deseos de buena salud, resultó ser devastador:
“…y fue hace un mes cuando un enviado del rey de Suecia llegó a mi corte. Se trata de un noble manco; dice haber perdido el brazo izquierdo a manos del propio demonio, que no me dejó otra alternativa que rendir vasallaje al rey. La guerra en el sur se ha decantado ya, las tropas del rey vencieron a las del duque a la vera del lago Vättern y asedian ahora el feudo del rebelde. Ahora que el rey parece haber vencido a su enemigo se ha vuelto más atrevido en sus demandas. Habéis sido un aliado fiel y honorable señor, pero las espadas del rey se encuentran demasiado cerca de mis fronteras, por lo que debo romper nuestra alianza …”
Las tropas del rey vencieron a los ejércitos del duque en la batalla decisiva a orillas del lago Vättern
Björn bajaba ahora las escaleras desolado, su plan para tejer una red de alianzas que lo protegieran no había conseguido dar fruto en el año y medio que llevaba en el poder. Mientras descendía pensativo notó que uno de sus criados subía apresuradamente los escalones:
- A que vienen estas prisas Sven, ¿qué sucede? – preguntó el conde malhumorado.
- Señor, un guerrero del sur ha llegado al Pico del Cuervo.
- Muy bien Sven, le daremos hospedaje como a todo hijo de Dios, además, puede que nos traiga noticias del devenir de la guerra.
- Así es señor, por eso he venido a veros inmediatamente. Afirma haber luchado contra Ulf “Hacha Sangrienta” en la toma del castillo de Uppsala.
- ¿¡Qué!? – inconscientemente el conde apretó el pomo de Bifrost al oír nombrar a su enemigo- ¡Quiero verlo inmediatamente!
El recién llegado se convertiría en uno de los actores principales de la historia de Hälsingland...
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[1] Fragmento del poema mitológico Grímnismál en el que Odín habla así de sus dos cuervos:
Hugin y Munin
vuelan todos los días
alrededor del mundo
temo menos por Hugin
de que no regrese,
aún más temo por Munin.