Introducción
Un mal paso lo da cualquiera
(¡qué bonito es tener familia!)
Primavera del año del Señor de 1066. Segunda parte
Alcazaba de Calahorra, unas horas después
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Kalakorikos, Calagurris Nassica Iulia, Calahorra al fin y al cabo
El gran salón de la Alcazaba está ya tranquilo tras la cena. Un momento tranquilo, reposado, en el que el señor del castillo puede relajarse junto al fuego de la chimenea, y disfrutar de unas copas de patxarán (sin riesgo de caer en pecado de gula, puesto que digestiva medicina es…). Lo único que podría arruinar el momento sería la presencia de un familiar demasiado pagado de sí misma, consciente de su valía y amargado por no poder ejercer el poder de la forma en que siente que le corresponde. Lamentablemente, Ramiro tiene un pariente así, su hermana Urraca, quien en este preciso momento comparte con él el fuego de la chimenea y el patxarán. Urraca, como siempre, buscará la forma de sacar a Ramiro de sus condales casillas….
-“Te encuentro un tanto distante hoy, querido hermano. ¿Tan grande acaso es la carga que nuestro real hermano ha puesto sobre tus hombros que ha quebrado tu jovial estado natural?”
-“Mi querida y dulce Urraca, hermana de mi corazón, ¿detecto acaso cierto matiz de sarcasmo en tus palabras? Porque si poco natural en mi es la falta de jovialidad, no menos lo es vuestro súbito interés en mi estado de ánimo….”
-“Siempre tan perceptivo, Ramiro, creía haber sido sutil. Pero no has respondido a mi pregunta…”
-“No volváis a la discusión de siempre, no me carguéis a mi con la culpa de que vuestra femenina condición, Urraca, os haya privado de señorío alguno. Es una queja gastada, y yo poco puedo hacer por cambiar la situación…”
-“…Ramiro, querido, ¿os estáis escabullendo?...”
-“Ya que parece que vuestro interés genuino es, voy a responderos. No, guardar la frontera con el moro para Sancho no es ninguna carga estos días. La taifa bastantes problemas tiene como para venir aquí buscando gresca. De hecho, las parias llegan regularmente y sin novedad. Parias, por cierto, que seguro han pagado las sedas que lleváis hoy….”
-“..que gentil de tu parte el apreciar mi vestido…”
-“…lo que me preocupa, en realidad, es la ceremonia de dentro de un par de meses en Nájera…”
-“¡Cómo! Ramiro Garcés, Señor de Calahorra, Guardián de la Frontera, hijo de reyes, ¿temeroso de una frágil y débil mujer? Pensaba que se os conocía como ‘el león’, por vuestra bravura en batalla….”
-“Urraca, Urraca, tal preocupación por mi bravura es agradecida, pero innecesaria. No, no me preocupa el matrimonio, sino la ceremonia en si. ¿No recordáis acaso que, además de uno de los novios, tengo el encargo de velar por la seguridad de todos esos días? No sería la primera vez que alguno de nuestros reales primos intentase ‘algo’. No se atreverán a hacer nada al descubierto estando ellos presentes, pero siempre pueden usar algún agente, un veneno, una emboscada…”
-“Ramiro, querido, toma otro sorbo de tu patxarán y relájate, que te vas a crear una úlcera. Ves conspiraciones por todas partes, y ni siquiera vives en la corte….”
-“Lo cierto, querida, es que… curioso por cierto este patxarán que has traído, hermana, ¿qué le has puesto para darle este toque?... como decía, lo cierto es que si veo conspiraciones, es porque suele haberlas. Y últimamente, demasiadas, y demasiado audaces. Este mismo mes, dos veces han tratado ya de acabar con mi vida con ‘ataques moros’. Aunque los últimos se lanzaron al ataque gritando ‘ala es grande’, pero no precisamente en moro……y lo único que pude sacarles es que unos ‘hombres vestidos de negro’ les habían contratado…. Patético”
-“Si tan escasa es su habilidad, poca preocupación deberían darte, Ramiro”
-“Lo que me preocupa es que esto pueda ser una distracción, precisamente, buscando confiarme en la torpeza de los conspiradores…. Pero ya es tarde, Urraca, y hoy estoy muy cansado. Mañana proseguiremos esta entretenida conversación. Me retiro a mis aposentos….”
En la sala, ya en medio penumbra, iluminada por sólo por la chimenea, queda Urraca. Esta tapa la botella de cristal de roca que contiene el patxarán, ahora medio vacía, y contempla las llamas durante largo rato… finalmente, se retira también. La alcazaba queda completamente tranquila, en reposo y calma. Es invierno, hace frío, y las buenas gentes se arrebujan en sus lechos buscando conservar el calor…..