PRELUDIO.
Antecedentes del carlismo.
Su Majestad Catolica Carlos V de España.
La ley Sálica que había sido promulgada por Felipe V, todavía estaba presente a finales del reinado de Fernando VII y consistía en apartar del trono a las hembras siempre que hubiera varones que pudieran asumir el poder en las líneas colaterales. La "Pepa" había restablecido la ley de Partida, pero Fernando VII la había mandado poner fuera de tiempo. Así mismo podemos decir que las Cortes de 1789 a petición de Carlos IV había derogado la ley semisálica y establecido de nuevo el orden sucesorio tradicional, pero al no haber sancionado o publicado el mencionado monarca el acuerdo de las Cortes, no había entrado en vigor.
En mayo de 1829 muere la reina María Amalia, sin sucesión, por lo que Fernando VII decide casarse con la mayor brevedad posible para intentar solucionar el problema sucesorio. Es por ello que se casa con su sobrina María Cristina de Nápoles. Para que este matrimonio se llevase a termino fue de vital importancia la influencia de la infanta Luisa Carlota hermana de María Cristina y esposa del hermano menor de Fernando, Francisco de Paula. Los liberales estaban conformes con la nueva soberana mientras que Don Carlos y los apostólicos se oponían por razones evidentes. El matrimonio sería aprovechado por moderados de uno y otro bando.
La boda se llevaría a termino el 11 de diciembre de 1829. La reina María Cristina quedaría embarazada al año siguiente. Fernando VII tras la confirmación oficial del embarazo de su esposa decide promulgar la pragmática de Carlos IV el 29 de marzo de 1830. Estos aspectos jurídicos serán los que años más tarde provocarían los siete años de guerra posteriores a la muerte del monarca (Fernando VII). Estos aspectos jurídicos y dinásticos no serían más que un pretexto para la obtención de unos determinados intereses políticos, de tal forma que la guerra civil no fue más que un conflicto político entre absolutistas (carlistas) y moderados liberales (cristinos).
El 10 de octubre de 1830 nace la infanta Isabel y el 30 de Enero de 1832 la infanta Luisa Fernanda. Tras el nacimiento de esta Fernando VII cae enfermo y se retira a La Granja, se temía seriamente por su vida.
El ministro Carlomarde se ve en la disyuntiva de favorecer a Don Carlos o a la reina. El rey habilita a su esposa para el despacho de los negocios urgentes. En este espacio de tiempo el infante don Carlos manifiesta su oposición a la pragmática que permitía la sucesión femenina. Los absolutistas con la complicidad del embajador de Austria y el agente de Nápoles coaccionan a los reyes y arrancan a Fernando (el 18 de septiembre de 1832) el codicilo por el cual la Pragmática queda derogada, volviendo a entrar en vigor la ley Semisálica por la cual quedaría excluida del trono su hija Isabel a favor de su hermano Carlos, que desde siempre, ejerció una influencia decisiva en el rey. Por otra parte la reina María Cristina fue utilizada como un instrumento de los Carlistas los cuales supieron aprovechar el miedo de esta por el inminente peligro de una guerra civil.
Recordemos que el partido cristino se formó en torno a María Cristina y su hija, ambas dominarían a la Esposa de don Carlos y a su cuñada, la princesa Beira, la cual sería su segunda mujer. El 1 de octubre la crisis es total con la llegada al poder de Cea Bermúdez. Los ministros son absolutistas moderados y cristinos, y piensan que el origen de todo el problema reside en la figura de don Carlos, por lo cual es temido por todos. El nuevo gobierno se dedica a desmantelar a los voluntarios realistas, los cuales eran la gran baza del hermano del rey.
Entre la declaración del 1 de octubre y el 31 de diciembre de 1832, Fernando VII vuelve a instaurar la Pragmática alentado por Luisa Carlota y su esposa, a través de la cual se instaura de nuevo la sucesión femenina y habilita a su esposa para el despacho de los asuntos del gobierno. Cuando María Cristina se ve con el poder en sus manos lo primero que hace es eliminar a los realistas puros de los altos cargos militares, además se rodeó de moderados, y declaró una seria amnistía para los delitos políticos
Cea Bermúdez favorece la participación política de los moderados del liberalismo en los Ayuntamientos, y los voluntarios realistas comienzan a llamar al arma. Fernando aleja definitivamente a su hermano de la Corte, el cual decide marchar a Portugal y declararse en rebeldía.
El 30 de junio de 1833 la infanta María Isabel Luisa de Borbón es jurada en lo Jerónimos heredando el reino. Dos meses después la salud del rey se deteriora definitivamente, dejando como reina gobernadora a su joven esposa. Por otra parte los voluntarios Carlistas de Talavera proclaman como rey a don Carlos V. La guerra se ha iniciado.
Las guerras carlistas
La Primera Guerra Carlista o guerra de los Siete Años (1833-1840)
Él ¡Viva Don Carlos! lanzado en Talavera de la Reina (Toledo) el 3 de Octubre de 1833 por el funcionario de correos, Manuel María González se ha considerado como el inicio de esta guerra de intereses por la conquista de la corona.
La primera manifestación de este movimiento fue la aparición de un número considerable de pequeñas partidas que demostraron su efectividad permaneciendo como base de la reacción después de fracasar, una tras otra, las iniciativas fraguadas en las ciudades. Su objetivo principal estaba centrado en la subsistencia, lo que se tradujo en ágiles correrías al sur del Ebro desde el Campo de Cariñena al Bajo Aragón, apoyadas en la aquiescencia de muchos pueblos y violentando la escasa resistencia que algunos oponían a sus abastecimientos. Durante esta primera fase el componente de rebeldía campesina sobrepasó los límites del planteamiento político que hacían los organizadores afines a don Carlos, lo que repercutió en la indefinición inicial del movimiento. De su actitud sólo se desprende con claridad el enfrentamiento con el poder vigente tras la muerte de Fernando VII, y son menos frecuentes comportamientos nítidos como el del Barón de Hervés quien, puesto al mando de un levantamiento carlista en Morella, inició una marcha sobre el Bajo Aragón que terminaría en Calanda con una derrota total. El liderazgo personal es clave en la formación de partidas y así, aunque la figura de Carnicer es reconocida como autoridad en Aragón, su prestigio no impide que Conesa o Quílez desplieguen su actividad con independencia, o que partidas de incidencia local sigan aisladamente con sus acciones.
Hay que nombrar sin duda alguna como figura importante en los inicios de esta guerra al coronel Tomás Zumalacárregui. Este alto cargo del ejercito carlista fue reuniendo a todos los voluntarios y a partidas dispersas consiguiendo armarlo y disciplinarlo. Esto le valió varias victorias que le harían conocido en el entorno carlista. Más tarde sería ascendido al grado de coronel. Su primer éxito lo consiguió en el llano de Güesca, sorprende a la ciudad de Victoria y derrota tres veces al general Quesada, un expediente intachable para una nueva figura. Es este quien pidió a Don Carlos que volviera a España, siendo un revulsivo psicológico para la causa carlista. Pero se presenta un dilema, el gobierno legitimista que había formado Don Carlos en el extranjero y que había fortificado en España era consciente de que necesitaba dinero para continuar la guerra. Por ello el capital extranjero pedía la toma de una ciudad importante. A consecuencia de esto se procede al sitio de Bilbao el 10 de junio de 1835. Pero en el intento de la toma de esta ciudad Tomás Zumalacárregui muere el 25 del mismo mes en Cegama. A partir de este momento se puede decir que los carlistas perdieron la guerra
En marzo de 1835 Carnicer sale hacia Navarra a recibir instrucciones de don Carlos, pero es descubierto en Miranda de Ebro y fusilado unos días después. Cabrera, que había quedado como Jefe accidental de los carlistas del Bajo Aragón, verá consolidada su posición a finales de año con el nombramiento de Comandante General del Bajo Aragón. Desde entonces hasta el final de la guerra será, indiscutiblemente, la máxima autoridad carlista en Aragón y Valencia. Los años 1835 y 1836 sirvieron para que Cabrera dotase de cohesión a las partidas aisladas y las integrase en una estructura que cada vez se aproximaba más a la de un ejército. A la vez las acciones se fueron haciendo sistemáticas y, aunque la extensión de éstas se redujo, comenzaba a definirse un área de auténtico control carlista zonas altas del Bajo Aragón y Maestrazgo, donde circulaban con libertad, obtenían raciones fácilmente y recibían constantes noticias de la posición de las columnas liberales. Signo evidente de que el potencial carlista está en aumento es el ataque a núcleos fortificados de cierta entidad como Alcañiz, Caspe o Montalbán.
Y es el el año 1836 cunado empieza la Gran campaña del VIP
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Un saludo.
Informacion sacada de "El rincon del vago"