CAPITULO 3: A la reconquista ¡¡Santiago!! ¡¡Santiago!!
3.1. Dios pone a prueba a sus hijos más predilectos.
“El buen Dios, en su gracia infinita, permitió que la cruzada en Tierra Santa llegara a buen puerto y los infieles fueran expulsados de ella para dejar de mancillarla. Ahora, nuestras voluntades han de unirse para conseguir recuperar las tierras de España de manos impuras y hacer que la luz de Nuestro Salvador Jesucristo las ilumine de norte a sur y de este a oeste.”
Encíclica del Papa Guglielmo de Ravena del 3 de Abril del año 1203 en la que proclamo la cruzada contra los dominios musulmanes en España y el noroeste de la costa mediterránea de Africa, y a la cual acudieron entre otros Ricardo I Corazón de León y el emperador Enrique VI el Severo, aunque solo Ricardo llegó a luchar en la península.
Tras regresar de la triunfal campaña en la isla de Mallorca, las tropas del Rey Alfonso, acompañado por el rey aragonés que se empeño en partir al puerto de Tarragona con las tropas castellanas en vez de regresar directamente hasta Barcelona pues, a pesar de su avanzada edad, era hombre enérgico y animoso al cual una celebración como la que se esperaba en la corte de Burgos a nuestro regreso hacía que, según dijo el propio rey aragonés, “mi viejo corazón desborda alegría y orgullo sin par”, fuimos recibidos por la propia Reina nuestra señora el Infante Francisco, que ya contaba con mas de 5 años y había comenzado sus estudios, las Infantas Berengela, Urraca y la pequeña Aldonza, Monseñor Recadero, que se dedicaba a repartir bendiciones a nuestros hombres como había hecho en la partida del puerto de Tarragona, el Canciller Don Mendo, con unos cuantos nuevos decretos bajo el brazo cuya rubrica por el Rey Alfonso seguramente no podía esperar al final de las celebraciones, el Administrados Real Don Hermenegildo, que ya calculaba los gastos y beneficios que nos traerían esta expedición, y el resto de la corte, además de, no hace falta decirlo, toda la leal población de Burgos, que vitoreaba a los reyes de Castilla y de Aragón por igual con el simpático grito de “¡¡Vivan los Alfonsos, que vivan!!”. Los tres días siguientes fueron una continua celebración, culminada por una misa a cargo del Obispo de Ravena, Monseñor Guglielmo enviado especial del Santo Padre de Roma, Su Santidad Urbano III. Al cuarto día, el rey Alfonso II de Aragón, partió camino de Barcelona mientras juraba ante Dios que la amistad entre los dos reinos no moriría jamas.
Los meses siguieron pasando de forma pacífica, reinando la tranquilidad en todos los lugares de Castilla. Por aquel entonces, un emisario venido de Acre, en Tierra Santa, llegó a Burgos pidiendo audiencia ante el Rey Alfonso. Tras ser recibido por el Canciller Don Mendo y dialogar con él, Don Mendo permitió que el extranjero hablara con su majestad, pues las nuevas que traía aprecian interesantes a su entender. El extranjero resulto ser un franco de Outremer, Guillermo de Saint-Omer, miembro de la Orden del Temple, que venia para ofrecer el Rey nuestro señor la posibilidad de establecer Casas Templarias, rama local de esta orden religiosa, en las provincias del reino, ya que de esa forma, y viendo que nuestras tierras eran escenario de la lucha contra el Islam invasor, la Orden podría facilitar ayuda militar frente a ataques moros o posibles acciones bélicas contra ellos. Esto despertó el interés de su majestad al igual que del Mariscal Don Lope, aunque no de Don Hermenegildo, pues eso supondría una reducción en los ingresos, además de un gasto importante para apoyar la instalación de dichas Casas. Al final, el Rey Alfonso, creyendo que la los Templarios seria de gran ayuda para la lucha contra los moros y que además podría resultar ser una buena forma de ganarse a la nobleza, pues esta era muy dada a las ideas caballerescas, acepto la proposición de Guillermo de Saint-Omer que partió ese mismo día hacia el puerto de Barcelona donde le esperaba el barco que le llevaría de vuelta a Acre. Meses después, la construcción de Casas Templarias se producían en todas las provincias de Castilla. El bueno de Don Hermenegildo se paso varios días encerrado en la tesorería real intentando calcular cuanto costaría esto a las arcas regias.
Durante el reinado de Alfonso VIII la orden de los Templarios tuvo una gran
implantación en las provincias del reino de Castilla en previsión de obtener
ayuda militar en la reconquista.
Sello de la orden de los Caballeros del Templo de Jerusalem.
Los años siguieron pasando mientras que el reino, con la gracia de Dios, seguía progresando. En el año de Nuestro Señor de 1196, la Infanta Berenguela llegaba a la mayoría de edad y Sus Majestades, con la colaboración de Don Mendo de la Vega, comenzaron a estudiar las diferentes propuestas de matrimonio que llegaban de toda Europa, pues al ser la hija primogénita, la dote a pagar por su mano debía de ser la justa y adecuada. Tras comparar las distintas posibilidades que se presentaban ante las Cortes, Sus Majestades los Reyes se decidieron por la proposición enviada por Su Excelencia Pietro Cairoli, Magistrado de Siena, pues, a pesar de que por la estructura gubernativa de Siena, no podía darse la posibilidad de una heredad para la corona, la importante suma de la dote, que superaba los 1000 ducados de oro, resultó del agrado del Rey nuestro señor, que comenzaba, como supimos mas tarde, a idear planes para la corona castellana. Unas semanas mas tarde, el Rey Alfonso junto con la Reina Eleanor, la Infanta Berenguela y el enviado especial del Magistrado Cairoli, Su Señoría Michelangelo Antonelli Canciller de Siena, partían de Burgos camino de Barcelona, en cuyo puerto esperaba el barco que llevaría a la Infanta de Castilla a tierras itálicas, Unas vez partió el barco, Sus Majestades pasaron varios días en la corte aragonesas invitados por Alfonso II.
La Infanta Berenguera fue casada con Pietro Cairoli, Magistrado de Siena,
dada la gran suma que éste ofreció por el matrimonio y la necesidad que el
Rey Alfonso VIII tenía de financiación de sus planes.
Vista de la ciudad de Siena con la catedral al fondo, en la cual se llevaron
acabo las celebraciones nupciales entre Berenguela de Borogoña y Pietro
Cairolo, cuando aun estaba en construcción.
Menos de un año después, a comienzos de la primavera, una nueva alegría llegó a la corte, pues nacía la cuarta hija de Sus Majestades, la Infanta María, una niña de belleza inigualable que parecía llegar para sustituir a la Infanta Berenguela que marcho a Siena, pero la dicha duro poco, pues sin motivo aparente la Infanta moría un año después, trayendo gran tristeza a los Reyes, especialmente a la Reina nuestra señora. Aun así, y como si la providencia divina se apiadara de la tristeza de la Reina Eleanor, poco después volvía ha quedar en estado de buena esperanza, dando nueve meses después a luz, en el año 1198, a otra niña, la Infanta Agnes, que según todos los que la vieron, era el vivo retrato de la su majestad la Reina.
La Infanta María de Borgoña murió al año de su nacimiento por causas
desconocidas, siendo un duro golpe para la reina Eleanor de Castilla.
Siguió pasando el tiempo sin grandes perturbaciones y la historia siguió su curso. Pero llego un día en el que un rumor, aunque hay quien dice que este rumor era un echo mas que conocido por la Reina nuestra señora que, como ya se menciono, era la encargada de los servicios de espionaje del reino, que contaba la nueva buena de la muerte del infiel Jalaaladdin de Marrakech, rey de los almohades, debido causas sin de terminar, aunque sin duda proveniente de la venganza divina, que dejaba el reino en manos de su único hijo varón y menor de edad Seyfullah de Marrakech. El Rey nuestro señor mando llamar a reunión a los notables de la corte para estudiar las posibilidades que se abrían ante esta nueva situación. Según parecía, el control que el joven Seyfullah mantenía sobre los territorios vasallos no era muy bueno, aunque, como hizo ver Don Mendo, suficiente para que, en poco tiempo y ante un posible ataque, los diferentes emires y jeques se pusieran al mando del rapaz para defender el reino. Su majestad consulto con Don Lope; que teniendo en cuenta los niveles de lealtad que en estos momentos se suponían en los diferentes vasallos almohades, con que tropas podría contar Seyfullah o su mariscal para hacer frente a una invasión de parte del territorio. La respuesta de Don Lope fue ambigua, pues las tropas moras serian suficientes para repeler un ataque por nuestra parte si lo hacíamos en solitario, pero con el apoyo de nuestros aliados o, si Dios lo permitiera, la proclama de una cruzada, las posibilidades de resistencia del reino almohade se verían seriamente reducidas. También se pregunto a Don Hermenegildo por el estado de las arcas reales ante una posible movilización general del reino, cuya respuesta fue la afirmación de poder resistir una confrontación, pero eso si no de gran duración sino se quería caer en números negativos.
La muerte "inesperada" del rey almohade Jalaaladdin de Marrakech, trajo
inesperadas posibilidades para el comienzo de la reconquista de la peninsula.
Ante esta situación, el Rey nuestro señor ordeno mandar los más rápidos mensajeros a nuestros aliados y a la ciudad de Roma para medir los ánimos ante una posible acción contra el reino almohade. Lamentablemente, en ocasiones el Padre Celestial pone grandes obstáculos a sus hijos más predilectos para probar su devoción, pues en ese año negro de 1199, llegaron dos nefastas noticias para los planes del Rey Alfonso: del reino de León llegó la noticia de la prematura muerte del tío del rey nuestro señor, Fernando II de León y aunque en la memoria del Rey Alfonso todavía perduraba la ocasión en la que su tío le sitio en el castillo de Atienza cuando aun era niño, no dejo de sentirla enormemente. El Rey Alfonso acudió a las reales exequias acompañado del Canciller Don Mendo con la intención de tantear la actitud del heredero Ramón sobre la actual situación de los almohades y el mantenimiento de la alianza con Castilla que tan buenos frutos dio a ambos reinos. Pero cuando llegaron días mas tarde a la ciudad de Oviedo, capital del reino de León, llego la segunda mala nueva que parecía echar por tierra de forma definitiva los planes del Rey Alfonso, en el día 27 de Mayo del año 1199 de Nuestro Señor, Su Santidad el Papa y cabeza de la iglesia católica Urbano III, moría en Roma a causa de la larga enfermedad que sufría, que Dios guardara su alma.
La muerte del rey Fernando II de León puso en serio peligro el comienzo de la
cruzada penínsular ideada por Alfonso VIII de Castilla. Las posteriores
negociaciones con la corona de León no darian los deseados frutos.
Aunque Fernando II de Leon llego a sitiar a Alfonso VIII en el castillo de
Atienza (en la imagen) siempre demostro gran respeto por el.
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3.2. Todo llega para quien tiene fe.
“Quién se sienta buen cristiano no puede desatender la llamada de la cruz, quien estime en algo su tierra no puede desatender la llamada de la cruz, quien sea honrado y puro de corazón y alma no puede desatender la llamada de la cruz... ¡¡¡Y ante Jesucristo Nuestro Señor os digo que no yo no haré tal!!!”
Don Hermenegildo Diaz, Administrador Real de Castilla, tomo parte en la guerra contra el reino almohade, cayendo gravemente herido en la batalla de Calatrava, una de las primeras acciones de la guerra por liberar la península de la presencia musulmana.
Todo parecía ir de mal en peor ese año. Tras unas largas y duras negociaciones con la Canciller del reino de León Doña Margarita Ponce de León, pues Ramón I, heredero del reino, solo contaba en esos momentos con 12 años, no se llego a ningún acuerdo para continuar con nuestra alianza que tuvo que darse por terminada. Esto afecto al Rey Alfonso de manera especial, pero como más tarde, en la privacidad de los aposentos que el Rey Alfonso tenia en el castillo de Oviedo, le hizo ver Don Mendo a su majestad, esto habría futuras posibilidades de sumar la corona de León a la de Castilla, como en tiempos de Alfonso VII, pues a la muerte de su tío y como posible heredero de la corona de León, tenia una reivindicación justa y reconocible. En el tiempo que el Rey nuestro señor mantuvo su presencia en Oviedo, que fue mucho, llegó a la ciudad la noticia de la elección del nuevo Santo Padre, elección que resulto una agradable sorpresa, pues el electo no fue otro que Monseñor Guglielmo antiguo Obispo de Ravena, que fue el enviado especial del papado para celebrar la conquista de Mallorca a los moros y con el cual el Rey Alfonso y, especialmente, el Obispo de la Diócesis de la corte Monseñor Recadero Girón hicieron gran amistad. Esto traía nuevas esperanzas para la proclama de cruzada en la cual se habían aposentado tantas esperanzas para la reconquista peninsular.
La vuelta a Burgos fue precipitada, pues nada podía sacarse de las negociaciones con León y la elección de Su Santidad Guglielmo habría nuevas expectativas para Castilla que había que analizar cuanto antes con los notables del reino. Pero nada mas llegar, esperaba una nueva sorpresa, pues inmediatamente despues de entrar en Burgos la comitiva real, Don Hermenegildo, el Administrador regio, salía al paso del Rey nuestro señor dándole aviso que hacia tres semanas había llegado un emisario especial del rey de Inglaterra Enrique II con una importante propuesta. El Rey Alfonso pidiendo a Don Mendo que le acompañara de inmediato a la sala de audiencias, bajó del caballo, y tal como estaba, con la ropa de viaje llena de polvo, mando llamar a ese emisario especial para escuchar tan importante propuesta de forma inmediata al mismo tiempo que hacia llamar a los notables y a su esposa la Reina Eleanor a tal efecto. Pasados unos minutos, en la sala de audiencias se presentó el enviado especial, que resulto ser la mismísima Lady Marie Grey, Canciller del reino de Inglaterra. Y la propuesta no era otra cosa que una alianza con Castilla, cosa que agrado sobre manera a su majestad y a todos los presentes, pues Inglaterra era uno de los reinos más poderosos de Europa y resultaría un aliado de gran importancia. Eran sabidos los problemas que Inglaterra tenia con Francia, ya que la primera, poseía gran cantidad de tierras en el continente que el rey francés consideraba propiedad de Francia y tras discutir el tema con los notables, se llego a la conclusión que una alianza con Inglaterra seria beneficiosa para ambos reinos, pues mientras que Inglaterra tendría a un aliado que podía amenazar al rey francés, Felipe II, por el sur en caso de guerra contra Enrique II, a nosotros nos podía venir bien en nuestras expectativas reivendicativas para con la corona de Navarra, pues como ya dijimos, este reino mantenía una alianza con el capeto Felipe, además, la relación familiar que unía a la Reina Eleanor con Enrique II, no dejo de tener peso en la elección del Rey nuestro señor. Así que pocos días después, Lady Marie Grey, partía del puerto de San Sebastián con una alianza con Castilla, rubricada por el Rey Alfonso.
La firma de la alianza entre Alfonso VIII de Castilla y Enrique II de Inglaterra
parecía reportar grandes beneficios para ambos reyes ya que tanto para las
posesiones inglesas en en continente como para las reivindicaciones
castellanas sobre la corona de Navarra, el rey Frances Felipe II
resultaba un gran peligro.
Los preparativos ideados por Sus Majestades y los notables del reino siguieron su curso, tanto era así que un buen día llegó hasta la corte de Burgos la noticia de la muerte del pequeño rey infiel Seyfullah de Marrakech, que al parecer no había sobrevivido a un intento de asesinato en su propia corte. Según parecía, los guardias personales del rey habían conseguido capturar al regicida, y este, tras torturas y suplicios, parece ser que acuso a Castilla y a el Rey nuestro señor de ese asesinato, acusaciones sin duda infundadas y falsas. Esto hizo que el prestigio del Rey Alfonso y de la corona de Castilla decayera sensiblemente al igual que el reconocimiento oficial por parte del estamento eclesiástico, pues aunque en el fondo, según muchos señores y clérigos le hicieron ver a su majestad, no les era molesta esta muerte si servia a la causa contra el Islam invasor, había que mantener ciertas posiciones diplomáticas para con el resto de reyes, emires y jeques, pues las posesiones cristianas en Outremer podrían ponerse en riesgo si llegaran a aplaudirse este tipo de acciones poco “caballerescas”. Aun así, el Rey Alfonso veía como todo seguía según lo planeado. Al parecer, la muerte del pequeño infiel Seyfullah, había puesto en el trono a un pariente lejano de este, un tal Yasar de Marrakech, que no había sido bien recibido por los emires vasallos del reino ya que estos se habían acostumbrado a tener en el trono a un pequeño imberbe manejable y no parecían dispuestos a aceptar con facilidad un nuevo rey que esperaba recuperar el control de sus dominios. Unos días después, un emisario de Siena llego a Burgos con la inquietante noticia de que se había llevado acabo un intento de asesinato contra la Infanta Berenguela, esposa del Su Excelencia el Magistrado Cairoli, y que todo indicaba que el intento llegaba de parte del nuevo rey almohade. Cuando el Rey nuestro señor dijo que nos encargariamos de arreglar cuentas con ese infiel, el emisario le calmo diciendole que Su Excelencia ya había tomado las medidas necesarias en ese aspecto, ante lo cual, la Reina Eleanor convenció a su majestad para que dejara que Cairoli se ocupara, pues para estos menesteres, los italianos siempre habían mostrado gran habilidad.
El asesinato del pequeño Seyfullah fue atribuido a Castilla, cosa a la que los
modernos historiadores dan un alto grado de veracidad.
La muerte del pequeño rey Seyfullah y la llegada al trono de Yasar supuso
una oportunidad de oro para las pretensiones de los reinos hispanos en su
intención de arrebatar territorios al imperio Almohade.
Las noticias esperadas por el Rey Alfonso llegaron pronto: un día, Don Medo de la Vega llegó a la carrera hasta el campamento en los bosques a las afueras de Burgos donde el Rey nuestro señor estaba participando en unos torneos caballerescos que, sin duda ayudaban a mantener el prestigio de la corona de Castilla pues en él participaron caballeros de toda Europa, aunque causaran mas de un dolor de cabeza al Administrador Don Hermenegildo por los gastos que representaban, para avisarle que según los informes dados en el puerto de Barcelona por uno comerciante genoveses, en el reino almohade comenzaban a temblar los pilares del poder regio, pues aunque las noticias eran confusas, parecía que el Dominio de Murcia se había rebelado contra el emirato de Valencia de forma que el emir Muslihiddin se había visto obligado a pedir ayuda al rey Yasar, al igual que el emir de Badajoz Abdul-Kareem pues tenia similares problemas. Cosas similares parecían ocurrir en los extremos orientales del reino moro, aunque esto no estaba tan claro. En un principio, el Rey Alfonso se vio confundido, ya que esto tenia poco sentido pues estos dominios no se encontraban directamente bajo el vasallaje del rey Almohade, sino de sus emires, pero como le dijo el Mariscal Don Lope Ruiz: “A caballo regalado no le miréis el dentado”, a lo cual el Rey Alfonso solo pudo asentir con una media sonrisa en la boca. Poco después, el Rey Alfonso, Don Lope y Don Mendo, partían al galope para poner en marcha los planes tanto tiempo retrasados mientras daban gracias a todos los Santos del cielo.
Territorios rebeldes al dominio almohade tras la muerte de Seyfullah.
Ese año de 1200, desde la corte de Burgos salieron docenas de mensajeros hacia los cuatro puntos cardinales del reino, para poner en aviso a los municipios y aldeas y señoríos del reino para que comenzasen las levas para formar los regimientos correspondientes según las reales ordenanzas de acuerdo con la población, el estrato social o las posibilidades económicas de cada provincia, así como de los pertrechos y provisiones necesarias: ganado, trigo, cebada y demas articulos necesarios, al igual que la necesidad de reunir buena cantidad de herreros, ponteros, gentes de medicina, ganaderos y en definitiva, todo lo necesario para poner en marcha y mantener los grandes ejércitos que estaban a punto de ponerse en marcha. Naturalmente salieron mensajeros hacia las capitales de los aliados del reino para ponerles al corriente de los planes regios. También salieron todos los hombres de confianza de la corte con la misión de hacerse cargo de los diferentes regimientos que se formaran en el reino y dirigirse a los puntos elegidos, para así, formar dos grandes agrupaciones al mando del mismo Rey Alfonso la una y del Gran Mariscal de Castilla Don Lope Ruiz la otra. Don Hermenegildo Diaz partiría a reunirse con el ejército de Don Lope cuando se hubiera puesto al frente del regimiento del cual se le había hecho cargo, así como Don Mendo de la Vega y Monseñor Recadero Giron, se reunirían con el ejército al mando del Rey Alfonso. El ejército de Don Lope debería reagruparse en las cercanías del castillo de Almonacid, en Toledo, y el ejército de su majestad en las cercanías del castillos de Alarcon en Cuenca, todos los demas señores al mando de sus reguimientos deberían reunirse lo más pronto posible con ellos. Antes de partir, el Rey Alfonso, la Reina Eleanor, Don Mendo, Don Lope, Don Hermenegildo y Monseñor Recadero, reunidos en la sala principal del castillo brindaron por la gran empresa que comenzaban y pidieron la ayuda del Padre Celestial y la misericordia de Nuestro Salvador Jesucristo.
El reclutamiento de tropas y pertrechos se llevo acabo por todo el reino
siguiendo las ordenanzas reales proclamadas para tal efecto. !!!La
reconquista daba sus primeros pasos!!!
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Proximamente la continuacion del CAPITULO 3.
Un saludo.